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¿Y usted no le tiene miedo a una “evaluación”?

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Basta recordar los recortes laborales de los noventa para entender (o tratar de entender) la angustia de los docentes por entrar ese escenario.



Para los que estudiaron en la universidad, ¿se acuerdan de los exámenes por “trica”? Usualmente se daban en los llamados cursos filtro y habían alumnos que los tenían que llevar tres veces. En mi universidad, solían ser MB1, MB2 y Lógica. Era tal el castigo que, si alguien llegaba ahí y no aprobaba, ni siquiera tenía derecho a sacar copia de sus certificados de estudios.

Conozco a varias personas que pasaron por eso y algunos de ellos ahí quedaron académicamente. Ese es, pues, el miedo que tienen los maestros: pasar por evaluaciones filtros y por “trica”. Aunque se les prometa lo contrario están atemorizados porque el día de mañana pueda llegar un ministro que, para recortar el presupuesto, utilice las evaluaciones. Y se deshaga así de miles de puestos de trabajo.

Es un temor que se daría igualmente en cualquier sector de la administración pública, si fuera el caso. ¿Imaginan, por ejemplo, al fuero militar pasando por evaluaciones y triqueando? ¿Cómo reaccionarían? Basta recordar los recortes laborales que se dieron en la década del noventa para entender (o tratar de entender) la angustia que tendrían millones de peruanos si entraran a ese escenario.

No estoy diciendo con esto que no deba haber evaluaciones. Por supuesto que sí: son muy necesarias y fundamentales. Pero a estas alturas de la discusión tal vez sea necesario quitarle el fantasma persecutorio y matizarlo. Hay evaluaciones y evaluaciones.

Por ejemplo la retroalimentación es una forma de evaluación “distinta pero a la larga igual”, como dice la canción. Una retroalimentación resulta una evaluación mucho más amigable. Se hace, además, para detectar los vacíos del proceso de adquisición del aprendizaje y subsanarlos sobre la marcha. Puede ser continua y sumamente efectiva: hasta puede hacerse a través de cursos y a lo largo de toda la vida.

La retroalimentación es descalificatoria e implica una comunicación más personalizada. Al final, el objetivo es el mismo. No pretendo obviamente decir cómo se deben hacer las cosas pero en una sociedad en la que en cualquier núcleo se reproducen las falencias sociales, ser evaluado por el director del centro de trabajo (en este caso el colegio) y en presencia de los padres de familia, puede terminar en cualquier cosa: abusos, pleitos, rencillas, complicidades y hasta en compra de evaluaciones. Sí, compra de evaluaciones.

Si realmente se quiere elevar el nivel formativo de los maestros, el tema tiene que ser abordado desde las propias facultades de educación, particularmente las del Estado porque ahí está, al final de cuentas, el problema. De lo contrario, no se resolverá nada. Mientras eso no cambie, el problema seguirá subsistiendo.

Evaluar al sector docente es fundamental en cualquier país del mundo y hay que impulsar eso de una u otra forma. El Perú no puede renunciar a una forma seria de evaluación. Pero además el tema requiere de un enfoque transversal. Su complejidad desborda ampliamente al Ministerio de Educación.

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