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Y el debate terminó en empate

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Golpe por golpe, error por error, dio como resultado un soso intercambio que no parece cambiará tendencias.



No tengo duda de que Pedro Pablo Kuczynski mejoró en su performance contra Keiko Fujimori en el debate de Lima, con relación al de hace una semana en Piura. Pero no creo que esta mejora le haya alcanzado para ganar anoche.

Estuvo mejor en economía, lo cual es esperable porque es el terreno en que juega de local. Pero fue barrido en seguridad, donde Keiko impuso localía por los antecedentes del gobierno de su padre. Los demás ítems fueron empatados en aciertos y errores. Porque para mí fue eso: un empate.

PPK pudo desnivelar en el segmento de corrupción, pero no lo hizo porque su contendiente lo sacó de balance, con su candidato vicepresidencial Martín Vizcarra y con un presunto favoritismo al exhombre fuerte de Aerocontinente cuando fue ministro. No aprovechó un tema en que pudo desnivelar y en el que tenía toda la mesa servida.

Golpeó bien, sin embargo, en lo de los audios de Chlimper. El torpe manejo de esos audios y las sombras que se abrieron a raíz de esa acción tan desafortunada del candidato a la vicepresidencia naranja (haya sido o no con mala intención), no pudieron ser maniatados por las réplicas de Keiko.

También pegó fuerte en lo de las ausencias de Keiko al Congreso durante sus épocas de parlamentaria. Las explicaciones sobre los días de maternidad y la victimización de género no atenuaron el embate del exministro.

Lamentablemente para él, Kuczynski cometió el autogol de la noche, la “metida de pata” del debate: le pareció excesivo encarcelar a los delincuentes más avezados en cárceles ubicadas a más de 4 mil metros sobre el nivel del mar y se mostró compasivo con ellos. En un momento en que la sensibilidad con la inseguridad y el crimen es total, en particular en grandes ciudades de la costa con elevado caudal electoral, es una seña ineludible de lo poco conectado que está PPK con ese sentir. 

Con ese error garrafal, él solo compensó la balanza y dio a Keiko la posibilidad de asestarle un golpe que vale doble, por tratarse del asunto más sensible que aqueja a los peruanos en este momento. Y la fujimorista aprovechó para posicionar a PPK como un “mano blanda” y un timorato que no podría resolver el problema que más aqueja a la población peruana (y que además se corrió del Perú en tiempos del terrorismo). Fue muy fuerte ese misil.

El “tú no has cambiado pelona” tan celebrado por la mayoría de la prensa adepta a PPK (con todo su derecho, por cierto), no necesariamente es un golpe demoledor. Y por la sencilla razón de que para muchos peruanos precisamente el recuerdo del fujimorismo de los noventa no es algo para el olvido, sino todo lo contrario. En ese sentido, justamente valoran que Keiko no cambie demasiado.

Hubo dos buenos golpes técnicos. Primero, PPK criticó la intención de Keiko de echar mano al fondo de estabilización macroeconómica para financiar infraestructuras (en realidad, hay otros instrumentos). Luego Keiko replicó criticando la propuesta de PPK de crear un ministerio para la regionalización (de nuevo, hay otras opciones también).  Buenos ambos.

En suma, en mi opinión, un debate que terminó empatado y que difícilmente cambiará tendencias. Aunque en el Perú nunca se sabe.

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