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¿Y el blindaje a Odebrecht?

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Se pregunta Pérez: "¿Cuál es el precio de lealtad entre blindadores y blindados?" Bajo la misma sospecha, yo pregunto: ¿cuál es el de quienes defienden a la empresa que sobrevaloró (es decir, nos robó) obras en el orden de miles de millones? 



En un foro sobre Lava Jato en Arequipa, el fiscal y falso héroe acaba de declarar muy suelto de huesos que “es notorio el blindaje del congreso a fiscales Chávarry y a Gálvez”. Bueno, a él le decimos: no solo fue notorio –sino escandaloso y traicionero a los intereses del país– su descarado y vergonzoso blindaje a Odebrecht.

Le viene a pelo el calificativo de “vendepatria”.

Se pregunta Pérez: “¿Cuál es el precio de lealtad entre blindadores y blindados?” Bajo la misma sospecha, yo pregunto: ¿cuál es el de quienes defienden a la empresa que sobrevaloró (es decir, nos robó) obras en el orden de miles de millones?

Cualquiera tiene derecho a criticar, pero hay que ser bien “fresca leche” para después de salvar a la empresa más corrupta del mundo venir a dar lecciones de moral. Y lo dice con una sonrisa entre mezcla de “soy puro” y de burla (al mismo cínico estilo de Villarán).

Vale la pena aclarar las implicancias de la palabra blindaje cuando se trata de jueces y congresistas. Para la caviarada cualquier cosa que no le gusta es blindaje, pero si se trata de fallos que benefician a su gente “hay que respetarlos”.

Cuando Trump propuso para la Corte Suprema al prestigioso juez Kavanaugh, los demócratas llegaron a la maldad política sin límites: le sacaron hasta novias de juventud que declararon que se había propasado con ellas y que tomaba mucha cerveza. Al final se descubrió todo el montaje pero, en el camino, eran notorias y públicas las coordinaciones que hacían los republicanos para lograr la aprobación del mencionado juez. ¿Era eso blindaje? No. De eso se trata, en parte, la política: dentro de la legalidad trato de defenderme y mantener a la gente que piensa políticamente como yo.

Si con Chávarry y todo, Keiko está presa injustamente, solo por odio, es comprensible la defensa política que hace Fuerza Popular ante la irracional venganza de la izquierda. “Los chats de la botica” no constituyen delito: son conversaciones políticas, normales en cualquier país de mundo, en cualquier empresa o hasta ministerio.

Y si de coordinaciones hablamos, mejor no olvidemos a las de la botica más descarada, vil y cínica que tenemos: la botica de la prensa mermelera.

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