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Vizcarra: ¿2020 o 2021?

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“Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y crear un nuevo final”. Carl Bard



Transcurridos 16 meses de gobierno, el señor Vizcarra anunció –y presentó días después al Congreso– un pedido de adelanto de elecciones generales para el 28 de julio de 2020. ¿Qué ocurrió o, mejor dicho, que tuvo que pasar para que el “vigoroso” presidente no quiera seguir gobernándonos?

La personalidad de Martín

No está en discusión su actuación como esposo, hijo, padre, hermano, amigo, etc. –pues ello corresponde al ámbito de la intimidad, salvo que colisione con el desempeño de la función presidencial como Nadine Heredia–, sino su comportamiento como PRIMER CIUDADANO DEL PAÍS.

El profesor canadiense Laurence J. Peter afirmó –en la teoría conocida como el “principio de Peter”– que “en una jerarquía, todo empleado tiende a ascender hasta su nivel de incompetencia”. Así, por analogía asumimos que “no todos nacen para ser presidente”, vale decir, no son suficientes las buenas intenciones para dirigir los destinos de una nación, y con mayor razón los de una tan compleja como la nuestra. Entonces, Vizcarra ha mostrado como parte de su personalidad actitudes que antagonizan con la imagen de estadista que debiera ostentar: i) Discurso monotemático repitiendo hasta el hartazgo la frase “luchar contra la corrupción”; ii) irrespeto al Congreso quebrando el orden constitucional (check and balances); iii) irrupción en otros poderes del Estado, cuando exigió la destitución del señor Pedro Chávarry como Fiscal de la Nación (cosa que logró) para luego promover mediáticamente su encarcelamiento, además del decidido respaldo al controvertido dúo fiscal Vela-Pérez; iv) mitómano como en el emblemático caso de Tía María, sobre el que declaró su apoyo a la inversión mientras en paralelo negociaba con los radicales antimineros –incluidas autoridades políticas arequipeñas– el boicot de dicho proyecto minero; v) hedonista, pues vive el día a día atraído por el aplausómetro de la calle y las encuestocracias que elevan sospechosamente su popularidad; y vi) confrontacional.

Esta última actitud sea quizá la más perniciosa de todas las nombradas. No solo la oposición cuestiona su desempeño, sino sus otrora aliados.

La agonizante bancada oficialista ha quedado mermada a solo cuatro integrantes luego de las renuncias de tres importantes congresistas como Mercedes Aráoz, Ana María Choquehuanca y Carlos Bruce (y tuvo que utilizar como tabla de salvación a… ¡Yesenia Ponce!). Y está fresco aún el significativo despido del asesor de la Vicepresidencia en un evidente “ajuste de cuentas” en contra de Aráoz

Recordemos, sin embargo, la forzada separación de Carlos Bruce y Salvador Heresi a los ministerios de Vivienda, Construcción y Saneamiento, y de Justicia y Derechos Humanos, respectivamente; y sumémosle las desatinadas declaraciones del premier Del Solar contra la vicepresidenta Mercedes Aráoz a raíz de la comentada renuncia, así como las hilarantes diatribas de la ministra Montenegro en contra del presidente del Congreso).

Pero el mandatario no reculará. No está en él reconocer errores (menos pedir disculpas) y al otro lado de la acera la economía sigue ralentizada, la ejecución del gasto público cercana al desastre (vg. la Contraloría General de la República advirtió que la reconstrucción del norte ha registrado un avance de apenas 15% a abril de 2019), la violencia e impunidad parecen imparables (el saqueo y quema de las oficinas de la Corporación Nacional de Petróleo de China con pérdidas superiores a los 30 millones de dólares, ante la pasmosa indiferencia del gobierno, son una prueba). Eso sí, se ha acrecentado los gastos en publicidad estatal (en 168 millones de soles, el 39% respecto al PIA 2019), y en consultorías y asesorías (entre enero y julio se gastó más de 586 millones de soles, monto 14% superior a lo ejecutado hace un año).

Carl Bard dijo “Aunque nadie puede volver atrás y hacer un nuevo comienzo, cualquiera puede comenzar a partir de ahora y crear un nuevo final”. Lo que pudiésemos desear (Vizcarra entregando el mando el 2021) no es, definitivamente, lo que necesitamos. La renuncia del señor Vizcarra aceptada por el Parlamento y la sucesión presidencial de la señora Aráoz para completar el periodo electo al 28 de julio de 2021 es lo que el Perú –que somos todos, incluidos nuestros hijos y nietos– se merece.

Imagen: Trome

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