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Villano perfecto

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Alarcón parece indefendible pero, ¿por qué el oficialismo lo empoderó de tal manera que volvió vinculante su opinión?



El viejo concepto de la Blietzkrieg o guerra relámpago ha fulminado la imagen del contralor Alarcón. Allí están, con el cañón humeante aún, armas de grueso calibre empleadas en su contra: las grabaciones pidiendo ayuda indebida, las aparentes gollerías administrativas a su pareja sentimental.

Y eso no es todo. Gente más docta ha empezado a describir las irregularidades cometidas por el contralor antes, durante y después de la adenda de Chinchero. Edgar Alarcón, en consecuencia, es un villano consumado y encarna al malo de la película. Absurdo fuera pensar lo contrario.

Si las cosas son así y Alarcón tenía más anticuchos que la explanada Sur del Nacional, ¿por qué el oficialismo lo empoderó de tal manera que hasta llegó a afirmar que la opinión del Contralor sería vinculante y el gobierno la habría de  acatar? ¿Cómo es posible que le hayas dado todo el poder a alguien que ya sabías era tramposo y cuestionable? ¿No sería precisamente por eso, porque lo sabías vulnerable? ¿Alguien creía tenerlo controlado con la amenaza del audio?

Alarcón es indefendible, pero esa condición no modifica en lo más mínimo la situación de Chinchero y la cuestionada adenda. Los ataques al contralor tienen todo el sabor a venganza hacia alguien que no dio su brazo a torcer. Pero si alguien en el oficialismo piensa que con ese ataque se puede instalar una falsa dicotomía entre un término y otro digamos, si cae el contralor se restablece la adenda— se equivoca con largueza. El contralor puede caer más tarde o mañana, pero eso no volverá legítima la adenda de Chinchero ni podrá ocultar las huellas visibles de una poderosa constelación de lobistas.

El propio fujimorismo no queda del todo coherente en su actitud frente a Alarcón. Cuando lo eligieron contralor se retiraron y de inmediato dieron una conferencia de prensa acusando al humalismo saliente de imponer un contralor a la medida y anunciaron que emplearían el control político para sacarlo en la  siguiente legislatura. ¿En qué momento, ya en el nuevo Congreso, desistieron de tan noble labor? ¿Por simple olvido?

Incluso este hoy olvidado zapateo fujimorista desnudaba desde temprano los pecadillos de Alarcón. Y, sin embargo, Vizcarra y sus colegas lo empoderaron al máximo. Después se sorprenden cuando la gente dice que a los pepekausas les falta hacer política.

Ahora le toca al nuevo ministro de Transportes y Comunicaciones, Bruno Giuffra, tomar la decisión respecto al futuro de la obra misma… y sería el colmo que el futuro de la obra dependa del futuro del contralor. 

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