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Viernes de campanas y bombas

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El matrimonio gay en Estados Unidos y la escalada mundial del terrorismo islámico



En la mañana de ayer viernes 26 de junio, el mundo tuvo conocimiento de un hecho histórico en los Estados Unidos de América. La Corte Suprema, máxima instancia judicial de ese país, por 5 votos contra 4, declaró la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo en todos los estados de la Unión americana. Con ello, un grupo minoritario que reclamaba iguales derechos civiles que la mayoría de sus connacionales ha culminado un largo y difícil proceso de lucha política, social y cultural que, en buena cuenta, representa formalmente el fin de cualquier discriminación para ese colectivo de ciudadanos americanos.

No vamos a discutir aquí —porque no viene a cuento las valoraciones a favor o en contra de la medida. No es este un portal de discusión filosófica, moral, ética o lógica. Pero sí vamos a resaltar el impacto político que la decisión de la legalización del matrimonio homosexual en los Estados Unidos tendrá en los países que se encuentran en su área de influencia política y cultural, como es el caso del Perú.

Definitivamente, el peso del primer país de la Tierra se hará sentir más temprano que tarde por estos lares en esta controvertida materia. Será muy difícil que quienes tienen por horizonte cultural a Estados Unidos y que son legión en el Perú —basta con ver adónde aspiran a viajar los peruanos de toda condición social— mantengan por mucho tiempo una negativa tan cerrada al así llamado matrimonio igualitario. Y aunque la religión tenga su peso aquí, también la tuvo allá donde cunden militancias conservadoras incluso más arraigadas y poderosas que en el Perú. El hecho es entonces que el monopolio del matrimonio entre heterosexuales que conocemos dejará de ser tal dentro de una década, a más tardar. Es lo que demorará el efecto de la explosión cultural que hoy se ha producido en Norteamérica.

La otra noticia que ha sido tapada por la anterior es la de los atentados islámicos que han golpeado Francia, Túnez y Kuwait con más de 60 muertos. En Francia, los terroristas atacaron una planta química y decapitaron a un hombre. En Túnez, asaltaron un hotel de lujo y asesinaron a 37 turistas que tomaban el sol en la playa. En Kuwait, bombardearon una mezquita matando a 25. Los fanáticos del ISIS no discriminan a nadie. La cabeza del francés era la de un obrero. Los cuerpos gélidos en las arenas de Túnez pertenecían a ricachones europeos. Los despedazados en la mezquita eran musulmanes de la “doctrina equivocada”: chiítas.  

Los europeos son las víctimas predilectas del ISIS. La razón es la debilidad de Europa. La paradoja es que las políticas institucionales del viejo continente son el referente de un modelo de progreso que se tiene por el más logrado en materia de derechos humanos: medio ambiente, inmigración, integración, refugiados, protección de minorías, estado de bienestar y un largo etcétera.  En simple, su modelo de progreso ha sido su ruina pues ha permitido que los enemigos de ese modelo estén precisamente adentro, acunados por el propio modelo.

Y así, ahora que estas dos noticias dan la vuelta al mundo, es buena la hora para reflexionar sin pasiones sobre el progreso humano y sus paradigmas culturales, mientras que por un lado doblan las campanas y por el otro truenan las bombas.

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