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Vela, Pérez y prensa ayayera: ¿cómo es la nuez?

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Va quedando cada vez más claro que eso del "acuerdo abierto" no fue para salvaguardar los intereses del Estado, sino los intereses de Odebrecht.



Luego de conocerse la información difundida por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ por sus siglas en inglés) sobre sobornos no declarados por Odebrecht y obras ignoradas por la justicia, cabe hacer algunas reflexiones:

1.- Si el escándalo no hubiera sido internacional –es decir, nacido en el exterior–, las repercusiones en el Perú no hubieran sido las que son: el “control de daños” de la Fiscalía y de sus medios ayayeros provizcarristas lo demuestran. El Equipo Especial Lava Jato, principal responsable de haber gestionado un acuerdo a todas luces favorable a Odebrecht según la información del ICIJ, apenas ha emitido un escueto tuit diciendo que están investigando los “hechos nuevos”.

En cuanto a la prensa ayayera, esta ha intentado por todos los medios salvar la cara de los fiscales y del acuerdo a través de justificaciones y explicaciones bizantinas; como que mentir no es lo mismo que ocultar información o que se puede firmar un nuevo acuerdo o adendas (¿como las de Odebrecht con el Estado peruano?) al que acaba de ser homologado, que incluyan los “hechos nuevos”.

2.- Si Gustavo Gorriti difundió él mismo las investigaciones del ICIJ fue porque no le quedó más remedio. Su credibilidad estaba en juego. Mejor era adelantarse a lo inminente –y pasar por quien no se casa con nadie– a terminar embarrado como algunos que hoy defienden todavía con histerismo el acuerdo. Sin embargo, es obvio que la noticia le ha desbaratado su argumento de que Odebrecht era una empresa nueva, comprometida a colaborar con la justicia y terminar con la impunidad. Así mismo, la pauta oficial marcada por el IDL a la cofradía de ayayeros, sobre que los fiscales del equipo Lava Jato eran impolutos, profesionales y técnicos de excelencia –y que, por lo tanto, su estrategia de las prisiones preventivas es la correcta– tiene un hueco más grande que el forado del Titanic.

3.- Es increíble que al IDL no le quede claro todavía que Odebrecht mintió y que, por consiguiente, el acuerdo no va más. Tampoco viene a cuento averiguar cuáles fueron las razones de la mentira o del ocultamiento de información (como sostienen los caviares), tal como afirma el propio Gorriti, a no ser que sea para determinar la falta de idoneidad moral de los fiscales y del procurador, pues solo en ese caso podría ser útil saber las motivaciones de la mentira. Esto porque, si los fiscales avalaron un acuerdo a sabiendas de las mentiras de Odebrecht con tal de meter presos en el Perú a políticos, ello significa que siempre estuvieron favoreciendo a la empresa mafiosa contra los intereses del Estado (y a favor de determinados réditos políticos) como hemos venido sosteniendo los que nos opusimos a ese acuerdo. ¿”Odebrecht pone y saca presidentes”?

4.- Al que no le queda ninguna duda de que Odebrecht mintió es al periodista ecuatoriano que destapó el escándalo y cuya fuente le entregó el material –que, a su vez, fue trabajado en el más estricto secreto durante un año por el ICIJ (mientras que aquí el IDL estaba en la apoteósis de la apología al acuerdo de marras entre los fiscales y la constructora brasileña). Dice Andersson Boscan de La Posta: “Odebrecht no fue sincera y lo expuesto revela que entregó de manera selectiva la información a las autoridades”, resume el periodista. Y añade: “Puso por encima de la verdad, sus intereses políticos y económicos”.

Y yo, por mi parte, añado también: a eso se prestaron Rafael Vela y José Domingo Pérez, quienes, pese a lo anunciado con bombos y platillos, aún no tienen acceso al sistema Drousys ni otros encriptados. ¿O sí?

5.- La prensa ayayera esgrime, muy suelta de huesos, que si Odebrecht mintió no importa porque se pueden firmar nuevos acuerdos. Claro, si se cae este acuerdo todos los “presos preventivos” se van a sus casas, donde siempre debieron estar. Por eso la desesperación de salir en cadena y todos con el mismo argumento. Eso sería convalidar la mentira que está prohibida en el acuerdo y que es lo que pugna por conservar Odebrecht y sus capitostes cuyos beneficios han sido tangibles.

Entonces, señores ayayeros: ¿firmamos un nuevo acuerdo cada vez que se descubra una nueva mentira o “hechos nuevos”? ¿Cómo es la nuez?

6.- Va quedando cada vez más claro que eso del “acuerdo abierto” no fue para salvaguardar los intereses del Estado, sino los intereses de Odebrecht.

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