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Una democracia a medias

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Llegó, tal vez, el momento de poner orden a las organizaciones no gubernamentales y regularlas: los peruanos tenemos el derecho de saber qué gobiernos o qué grupos económicos desean influir en nuestras decisiones soberanas. Más vale tarde que nunca.



En primer lugar, lector, no se equivoque. No se pretende aquí defender a Pedro Pablo Kuczynski por su súbita detención preliminar. Tampoco interesa en lo absoluto que las propiedades del expresidente estén congeladas pues sabemos que del mismo modo tendría muchísimo dinero a su disposición en el extranjero. Lo que se busca aquí es defender el estado de Derecho, que cada vez se hace más imperceptible en el Perú con decisiones vejatorias de esa naturaleza que menoscaban nuestra plena libertad.

Menos se puede justificar las consultorías ilegales de PPK por millones de dólares a Odebrecht siendo ministro, ni los depósitos ilegales a su cuentas de Westfield, menos el cuentazo de “la muralla china” o al socio chileno Gerardo Sepúlveda quien, al igual que el socio de Toledo, Josef Maiman, debería ser incluido en las investigaciones fiscales pero extrañamente no figura.

Pero sí debe defenderse esa libertad natural e intrínseca que tiene todo individuo hasta que no se pruebe lo contrario; porque en democracia no es posible ignorar las leyes que van de la mano con las decisiones sobre las prisiones preventivas del Tribunal Constitucional –aunque su composición tampoco nos guste–, y mucho menos lo deben hacer un juez de Investigación Preparatoria como Jorge Luis Chávez o un fiscal avezado como José Domingo Pérez que son los representantes de la ley y el orden.

Lo que se quiere relevar aquí es la acción de ciertos personajes que orientan a los fiscales en la fiscalía misma, a quienes buscan distraernos con castigos sorpresivos a importantes personajes de la política –cual cortina de humo– de la grave crisis de gobierno existente. Pues, si se trata de aplicar la ley, ¿hasta cuándo vamos a esperar una acusación fiscal en el caso de Ollanta Humala y de Nadine Heredia, no basada en indicios sino en la abundante cantidad de pruebas por corrupción, agendas propias y las declaraciones del Brasil que tanto vejamen nos ha costado recibir? Lo otro que llama poderosamente la atención es que los dos candidatos presidenciales de hace tres años –Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski–, los dos líderes políticos de mayor jerarquía e importancia para el país, están detenidos, presos sin juicio.

Se trata de un terremoto de grado 9 para nuestra frágil democracia, que ha roto de plano con el orden electoral del país. Alguien o algunos que nunca fueron elegidos son hoy inmensamente poderosos, pues han logrado amedrentar a todos los líderes democráticos del poder político dentro de sus propias madrigueras.

Vivimos, pues, una democracia a medias y un gobierno con visos de incapacidad ejecutiva e ilegitimidad moral. Llegó tal vez el momento de poner orden a las organizaciones no gubernamentales y regularlas –como sucede en casi todos los países desarrollados–: los peruanos tenemos el derecho de saber qué gobiernos o qué grupos económicos desean influir en nuestras decisiones soberanas. Más vale tarde que nunca.

Foto: Perú21

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