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Opinión

Un sector incomprendido

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Como destino turístico el Perú tiene una indudable ventaja comparativa, pero su posicionamiento exige mejores políticas.



En los 70, ya México ponía en marcha la zona hotelera de la ciudad de Cancún (1974) ubicada en la península de Yucatán que limita con el mar Caribe –y que hoy alcanza los siete millones de turistas– mientras aquí en el Perú, en plena época militar, se implementaba el Plan Copesco que abarcaba mayormente Cusco y Puno.

Copesco nació gracias al auspicio de la Unesco y luego interesó al BID, que se manifestó presto a construir un hotel en las alturas de las ruinas, licitó funiculares para el acceso, realizó los estudios para decidir entre Anta y Chinchero como lugar correcto para el nuevo aeropuerto, planificó carreteras para el Camino del Inca que pasaba por Ollantaytambo y Pisac, proyectó albergues en Urubamba y hasta la probabilidad de levantar la trocha angosta del ferrocarril y construir una carretera que conectara con Quillabamba (alterna a los abras de Málaga o Amparaes, para propiciar el agro y el turismo en la zona de La Convención.

Pero todo se trastocó por demasiada interferencia de quienes poco sabían del tema. Luego de cuarenta años la tendencia sigue: lo de la pista adicional del aeropuerto a cargo de Lima Airport Partners lleva mucho retraso y, por diversas razones, ni siquiera se ha puesto el primer ladrillo. Ni qué decir del programado aeropuerto de Chinchero: parece que no se ha tomado en cuenta que Machu Picchu como está debería ser declarado en crisis.

Más bien tenemos sobrecostos por la firma de la famosa adenda.

Si ante el reciente choque de dos vagones con varios turistas malheridos el ministro del ramo no tomó atención ni pidió disculpas, ¡menos va a observar a ciertos revoltosos lugareños que hacen lo que les viene en gana!

El turismo no es solo aumento de turistas y divisas. El sector es transversal a la economía de los países, y demanda atender otros aspectos: infraestructura, educación y logística. Supone seguridad, intérpretes, tráfico, medio ambiente, etc. Por ello, se debe pensar en grande para redimensionar el sector, con muchas ramas que compiten entre sí. El Perú tiene una indudable ventaja comparativa, pero su posicionamiento como destino turístico exige mejores políticas.

Si a la China de Xi Jinping se le da un peso importante por el precio y la demanda del metal cobre, ¿por qué no mirar este país en su doble rol de constructor de infraestructura y de oferta turística, mas aún si se cuenta desde hace años con un Tratado de Comercio que ha posibilitado la exportación significativa de arándanos? Según la Organización Mundial de Turismo, China cuenta con 150 millones de turistas que viajan alrededor del mundo y gastan como US$ 265 mil millones.

Un análisis, segmentación y promoción a una demanda en aumento constituiría una buena inversión, amén de incentivar a los operadores al aprendizaje del idioma chino. Según el Mincetur, en 2017 arribaron apenas 31 408 ciudadanos chinos: una vergüenza si pensamos en el enorme potencial que representa este mercado. Y algo más importante: si bien la robotización llegará tarde o temprano, este no sustituirá al buen trato de los peruanos, importante para un sector mal concebido e incomprendido.

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