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Un nuevo comienzo

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Puede ser que Vizcarra licencie a Zeballos antes de pedir la confianza, lo que le ahorraría muchos problemas y marcaría una posición a favor de este nuevo comienzo en el gobierno y su relación con el Congreso.



El nuevo Congreso se instala la segunda semana de marzo y ya presenta desafíos a todas las bancadas, pero sobre todo a Fuerza Popular. Con quince representantes, el gran reto de este conglomerado es borrar la equívoca percepción de que no solo fue una bancada obstruccionista sino que respondía a designios ajenos a los del bienestar del país.

Así las cosas, lo primero que se presenta es la elección de la Mesa Directiva además del voto de confianza al gabinete que, de acuerdo con la Constitución, tendrá que exponer ante esta nueva y breve representación nacional su plan de gobierno.

En cuanto a la elección de la Mesa Directiva, la cosa parece estar clara. Existe un consenso de que Acción Popular presida la mesa en razón de que es la primera minoría, y que lo haga acompañada con otras fuerzas políticas hasta el término del mandato, dado el poco tiempo que tiene de funciones este Congreso.

Se presenta como alternativa a este consenso una lista del Frente Amplio –lo que ya es una tradición de este grupo político–, que no tiene los votos para ser elegida. En ese sentido, lo lógico es que Fuerza Popular vote por la mesa de consenso y deje a las bancadas más recalcitrantes, como los antauristas y otros por el estilo, el rechazo y el juicio de la opinión pública.

El otro desafío de Fuerza Popular y, en realidad de todas las bancadas, es el voto de confianza (mal llamado de investidura) al gabinete Zeballos. Aquí la cosa es más difícil, pues el presidente del Consejo de Ministros no solo tiene una pésima aprobación según las encuestas, sino que es el responsable directo, según la Constitución, de PROPONER a los ministros de Estado al presidente de la República. Y vaya que Zeballos no ha tenido el menor tino de proponer a ministros con serios cuestionamientos, que han tenido problemas penales y administrativos (y que han debido renunciar o cuya renuncia pende de un hilo).

¿Se puede dar un voto de confianza a un premier cuyo único mérito es causar crisis políticas por las pésimas designaciones de ministros que él tiene la responsabilidad de proponer? El sentido común dice que no, pero sin duda habrá bancadas que le darán ese voto, en complicidad con un hecho ajeno a ninguna interpretación.

Precisamente, en nombre de la “gobernabilidad” algunos votarán por Zeballos haciéndose cómplices ante la opinión pública de su incompetencia. ¿Qué le corresponde a Fuerza Popular y a otras bancadas sensatas? Pues la abstención. Votar en contra implicaría que los enemigos del fujimorismo –que son legión– apunten otra vez a la primera de bastos con el sambenito del obstruccionismo, asunto que es precisamente la reputación que se debe modificar. Nadie podrá reclamarle a las bancadas que se decidan por la abstención absolutamente nada pues es la posición más razonable.

Ahora, puede ser que Vizcarra licencie a Zeballos antes de pedir la confianza, lo que le ahorraría muchos problemas y marcaría una posición a favor de este nuevo comienzo en el gobierno.

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