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Opinión

Tres asuntos fundamentales

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Prensa irresponsable, acusación sin nombres y populismo sin valores



1) Prensa irresponsable
Se admiran algunos de la bulla que pueden hacer sectores minoritarios y radicales de nuestra sociedad, y de los lamentables efectos nocivos que causan al país. Esa bulla no sería tan fuerte ni tendría importancia alguna si los medios no actuaran de altavoces suyos.

Esa es la gravísima irresponsabilidad de la prensa que tenemos y, por supuesto, la de los dueños de esos medios de comunicación. Una vez más insisto: quienes podría cambiar eso son las grandes empresas anunciantes. Son una veintena. De la publicidad que ellas contratan –además de la millonaria que contrata el gobierno y que lamentablemente no podemos controlar– viven esos medios que están colaborando con la destrucción del país. No me cansaré de insistirles a los accionistas y ejecutivos de esas grandes empresas anunciantes que piensen en el mal que pueden evitar y en el bien que pueden hacer si se deciden.

2) ¡A lo que hemos llegado!
Marianella Ledesma, una magistrada del TC que decide sus votos por simpatías o antipatías políticas (como acaba de reconocer por propia y expresa declaración), que adelanta opinión con desparpajo, que se precia de haber prevaricado en el caso El Frontón (llevando injusta y nuevamente a juicio a decenas de marinos que solo cumplieron su deber y actuaron conforme a ley), encima de todo se permite afirmar que pretendieron “comprar” su voto SIN DAR NOMBRES. Incurre así en una grave difamación que afecta directamente al entorno de Keiko Fujimori, y por tanto no puede continuar ejerciendo el cargo de magistrada.

Si quienes pueden y deben no la conminan a probar su afirmación –y a acusar penalmente a quien supuestamente intentó ‘comprarla’– y, además, no la recusan por falta de imparcialidad actuarían, en el mejor de los casos, con irresponsable ingenuidad.

3) ¿Popularidad? ¿Para qué?

Un político sin popularidad no sirve, pero un político sin principios y valores es un peligro. Así que a un buen político lo único que debe servir su popularidad es para gastarla, cumpliendo con su deber para con la sociedad a la que debe servir. Y lo cumple haciendo lo que es correcto, porque beneficia a la mayoría de esa sociedad, aunque hacerlo signifique perder popularidad.

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