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Opinión

Tras la misa papal, ¿podemos ir en paz?

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No. O quizás sí. Depende. Disculpen pero me niego a aceptar que estemos perdidos de antemano. Exploremos escenarios.



Cuando me preguntan por qué procuro ir a misa los domingos respondo: “Siempre salgo mejor de lo que entré”. La incredulidad es de ley: “¿De verdad? ¿Franco?” Y tengo el remate estudiado: “Es mejor que un masaje”. End of discussion.

Y volvamos a la misa, la misma que Francisco ha celebrado antes de que usted lea estas líneas. “Podéis ir en paz”. Eso es casi todo lo que puedo recordar de misa alguna en este instante. ¿Podemos ir en paz? Eso es lo único que importa ahora que la visita del papa pasa a ser recuerdo. ¿Podemos? Quizás sí, quizás no.

Escenario uno. Se va el papa y PPK vuelve a ser ese jefe de estado errático en el cual ya nadie cree, al punto de ser más parte del problema que de la solución. ¿Puede una corte funcionar con un rey calato? Sí.  Siempre que ni ese rey calato (ni su arlequín Zavala) puedan seguir mandando.

Escenario dos. Superando la mueca del cucufato, la clase política decide afrontar el problema como tanto varón que pierde pelo: decide entrar en la edad de la “resina”. Si: la edad de la resignación. Así, sabios como Lauer citan a Álvarez Rodrich y terminan viendo a un PPK 2reacomodado por la fuerza que acaba de cobrar su primera ministra2.

Escenario tres. Meche aguanta y no solo por temor a la no confianza que el Congreso pueda negarle a un tercero. Está claro que no es de reconciliación, pero un gabinete capaz de poner en marcha al país será bien visto. Más todavía si es un gabinete que empieza por comprobar quién manda. La derrota en el tema de facultades especiales Mechita la ha asimilado sin escuchar la espantadas voces de quienes, como Gilbert Violeta, querían persistir.

Escenario cuatro. En cualquier momento despertamos y han llegado a Lima las heroicas masas que Goyo y Verónica convocaron en marcha de sacrificio para hacer oír la voz de los verdaderos peruanos durante la estadía del papa. Esa justa marcha iba a tener resonancia mundial, iba a ser el principio del “que se vayan todos”. Iba a ser. Harta ”resina” para los que maquinaron semejante ensoñación.

Escenario cinco. Desde su cómoda residencia, el Chelo Odebrecht llega a la conclusión de que no está garantizada la recuperación de sus dos mil millones y le ordena a Barata volver a movernos la alfombra.

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