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Todos vuelven

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Mi impresión es que Cateriano ha visto su oportunidad en ser el hombre del 2021, de un Bicentenario que hasta hoy está acéfalo políticamente y que cuenta solo con candidatos de fantasía.



Pedro Cateriano vuelve al premierato esta vez bajo el gobierno de Martín Vizcarra. La última vez fue exactamente hace cinco años, cuando lo fue de Ollanta Humala y Nadine Heredia, quienes terminaron presos preliminares acusados de corrupción junto a las constructoras brasileñas y cuyos juicios están a punto de empezar. Si la secuencia histórica fuese una ley, el próximo en terminar tras las rejas sería Martín Vizcarra, que tiene una canasta llena de anticuchos uno más caliente que el otro.

Al igual que Humala-Heredia, Vizcarra ya no da más y llama a Cateriano para blindarse. El premier tiene fama de hombre fuerte, y sí es una ley de la política que en el mundo de los ciegos el tuerto es rey.

Cateriano mantendría con su peso político la gravedad de Palacio en los próximos doce meses que quedan para que Vizcarra parta. La debilidad de Vizcarra queda en evidencia precisamente por eso: si a pesar de contar con todo un aparato mediático y una prensa complaciente le han dado un jaque, es que el pobre está en la lona. Y el coronavirus le ha dado el golpe final. Por eso necesita a un hombre fuerte, como lo es Cateriano.

Sin embargo, la pregunta es por qué Cateriano ha aceptado el encargo. Quien era objeto de sus obsesiones ha desaparecido y sus adversarios políticos mantienen una discreta performance. Así las cosas, y aunque los caviares están de capa caída con las revelaciones de José Miguel Castro que dejan a la autodenominada “reserva moral” del Perú como palo de gallinero (Villarán, Glave, Nieto Montesinos, Anel Townsend, el comodín Jaime Salinas del PPC y otros), no se avizoran sobresaltos en la próxima elección como para que Cateriano enfile todo el peso del gobierno en la dicotomía que tan bien funcionó en las últimas elecciones generales de buenos contra malos (para ello bastan Montenegro y la recién estrenada, luego de pasar por varios partidos, Patricia Donayre).

¿Qué gana Cateriano? Poder. ¿Para qué en una situación tan difícil en la que nadie quisiera estar en sus zapatos, con casi 50 mil muertos por coronavirus según The Financial Times y una economía hundida hasta la coronilla? ¿Cree que él salvará la situación con su fuerza de voluntad?

¿Pretenderá ser el hombre que aglutine a lo que quede en pie de los caviares después de las cataclísmicas revelaciones de Castro? ¿O solo estará ahí para defender a sus amigos de otros gobiernos caídos en desgracia cuyos juicios ya empiezan? ¿O defenderse él mismo por lo del satélite que no funciona y que costó un Perú? ¿O todo al mismo tiempo?

Mi impresión es que Cateriano ha visto su oportunidad en salir airoso en la foto del 2021 (quién, con un poco de sentido de historia, no querría estar en esa foto), de un Bicentenario que hasta hoy está acéfalo políticamente, y que tiene que recurrir a personajes de fantasía (Forsyth, Urresti, Guzmán y Del Solar): los que a su costado no valen ni un pepino, digámoslo francamente.

Ambición, poder y tomar la ocasión al vuelo. Otra cosa es que le funcione, durante la crisis más profunda que sufre la república a un año de su Bicentenario.

 

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