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Tic-tac, tic-tac

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Si entre los planes de Vizcarra está mandar al Congreso a su casa, pues está contra el reloj. El lapso que le queda para hacerlo está en la fecha límite de la presente legislatura ampliada, para que por lo menos un nuevo Congreso de año y medio tenga alguna viabilidad.



El cierre del Congreso está otra vez en agenda y por las mismas razones. El presidente busca imponer su voluntad al Legislativo asediado por una campaña mediática implacable y ruin, que se vale de los procedimientos, reglamentos y leyes que imponen la lentitud a la actividad parlamentaria para usarlos en su contra.

Vizcarra ya usó este mecanismo para imponer una reforma judicial a paso redoblado que terminó en la catástrofe del nonato JNJ. Como después de ese fiasco la experiencia debió enseñar que los ultimátums, los ucases y los apremios en cuestión de reformas constitucionales no funcionan, lo lógico hubiera sido que se deseche esa forma de hacer política por una que busque los consensos necesarios que unas reformas de ese calibre necesitan y que toman su tiempo para madurar. Sin embargo, Vizcarra ha optado por seguir con el mismo modus operandi de las reformas aprobadas vía carpetazo y contra el reloj, amenazando nuevamente al Congreso con su cierre si no se aprueba el contenido y en el plazo que él manda las reformas políticas. Tal fue el sentido de su cuestión de confianza.

De ello se puede deducir que siendo reincidente en un modelo de aprobación de reformas que fracasó como la del JNJ (esta vez para la reforma política), a Vizcarra le importa un pepino la reforma en sí y, por lo tanto, esta tan solo es un pretexto para otros fines.

Se vislumbran dos bien claros. El primero es no perder la aprobación de la opinión pública que se venía desmoronando ante la incapacidad de gestión de su gobierno. Las reformas son, así, el opio del pueblo; y los medios de prensa basura el troncho con el que se fuman. Si ya el gobierno de su antecesor (al que traicionó) era débil desde el origen de su mandato por un triunfo ajustado de 50 mil votos y una bancada parlamentaria sin ningún poder de decisión –por lo que su única oportunidad era no perder la iniciativa de la confianza de la opinión pública (que perdió)–, el de Vizcarra necesita aún más de las encuestas favorables para sobrevivir. Porque si PPK era la cabeza de lista y tenía 20 congresistas, y cayó porque perdió el apoyo popular, Vizcarra es el segundón de PPK y tiene apenas 5 parlamentarios. En otras palabras, él es el ripio de PPK; por lo que todo su poder y su gobierno se apoya en el favor de las encuestas y la prensa.

Si Vizcarra pierde el apoyo popular cualquier viento lo echará de Palacio por la puerta falsa, y él lo sabe. Eso explica que haga y hará lo que sea para sobrevivir como, por ejemplo, apostar por unas reformas políticas que terminarán de hundir lo poco que queda de instituciones partidarias en el Perú. Le importa un bledo.

La otra razón de apostar por el mecanismo de imposición contra el Congreso –que, como dijimos, ya fracasó en su resultado con la reforma fallida del JNJ– es que Vizcarra tiene como una opción de alta prioridad cerrarlo. La reforma política en este caso también es un pretexto. Vizcarra se ha ganado, en su corto mandato de traiciones y persecuciones, tantos enemigos poderosos que debe tener como hipótesis que cualquier composición diferente a la actual del Parlamento es mejor para mantener su cabeza en el cuello.

La Constitución protege al Congreso de ser disuelto por el Ejecutivo el último año del mandato del presidente en ejercicio, por lo que entre el 28 de julio del 2020 y el 28 de julio del 2021 Vizcarra estará por entero a merced del Parlamento. Él lo sabe. Por eso le conviene cerrarlo antes de que ello suceda y mientras más se acerque la fecha límite le será más difícil cerrarlo porque resultaría inviable un Congreso elegido sólo por un año (mientras convoca a elecciones parlamentarias para las que tiene cuatro meses ya pasó medio año).

Así las cosas, si entre los planes de Vizcarra está mandar al Congreso a su casa está contra el reloj. El lapso que le queda para hacerlo está en la fecha límite de la presente legislatura ampliada para que tenga alguna viabilidad un nuevo Congreso de año y medio al menos. ¿Habrá empezado la cuenta regresiva?

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