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Temor y temblor

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Los instigadores y cómplices del complot gobiernista contra el liderazgo de Keiko Fujimori deberían ser guillotinados independientemente de quiénes sean y de dónde vengan.



En política, la acción fallida de un grupo que busca desestabilizar el liderazgo de otro debería tener consecuencias terribles. Esa es la premisa de la que debería partir la líder de Fuerza Popular Keiko Fujimori como respuesta a la situación que el gobierno le quiso imponer volviendo a consignar en agenda la libertad del expresidente Alberto Fujimori.

La maniobra era burda y por eso no menos clara: utilizar la libertad del padre de la líder de la oposición a través de un proyecto de ley para crearle una situación imposible que dividiera su liderazgo interno. Así, según el cálculo del gobierno, si el expresidente salía libre se hubiera creado un liderazgo alternativo al de Keiko Fujimori, es decir una división en la oposición mayoritaria.

La señora Fujimori ha actuado como política de fuste al desbaratar la maniobra gobiernista que buscaba desintegrar su partido y dejarla a ella como “la hija de Alberto Fujimori”. El hecho de que por unanimidad la Comisión de Justicia haya rechazado sin debate la “ley Vieira” demuestra cuán fuerte es el liderazgo de Keiko en Fuerza Popular. Pero ello no es suficiente. La Historia Universal da cuenta de que una vez debelado un golpe, el líder sobreviviente debe cortar todas las cabezas del complot como escarmiento y como símbolo incuestionable de su poder.

Ha hecho bien entonces la bancada de Fuerza Popular en dar como respuesta política al golpe del gobierno la interpelación del ministro del Interior, Carlos Basombrío. Pero no es suficiente: debe ser censurado sin piedad.

EN POLÍTICA (porque ese es el sentido de este artículo), de nada sirve mostrar los dientes a medias. Más allá de las muy atendibles razones que haya para criticar su gestión, la suerte del ministro debe estar signada por las consideraciones políticas del escarmiento.

Y la señora Fujimori debería incluso ir más lejos. Los instigadores y cómplices del complot contra ella también deberían ser guillotinados. La lista es larga y la líder de la oposición tiene todos los instrumentos políticos y legislativos para aplastarlos independientemente de quiénes sean y de dónde vengan.

También habla muy bien del temple de la señora Fujimori el hecho de que haya antepuesto sus deberes políticos a sus deberes familiares: así se maneja un estadista. Este hecho deja constancia, además, de quién es quién en Fuerza Popular.

Finalmente, a la señora Fujimori no debería preocuparle un pito lo que publique muchos de los medios de prensa porque a estas alturas del partido ya debería saber que, diga lo que diga o haga lo que haga, siempre serán sus enemigos. En este sentido, el proyecto de ley Aramayo-Letona debería ir hasta el final.

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