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Aunque estuvo mucho mejor que en el primer debate, PPK no logró vencer a su rival. Keiko necesitaba empatar y lo hizo.



Keiko Fujimori llegó al último debate con la ventaja que le daban todas las encuestas de la última semana en que, más que las cifras que ya no se pueden publicar, importa la tendencia al alza. PPK partía en desventaja con una tendencia a la baja, al igual que en el primer debate de Piura, con la diferencia de que esta vez había hecho su trabajo de prepararse para el debate.

La desventaja de Keiko, sin embargo, era el escándalo de la última semana que involucraba directamente a su único candidato a la vicepresidencia como intermediario de un audio trucado que buscaba desvirtuar una declaración que perjudicaba a Fujimori. Por lo tanto, creo yo, podría decirse que partían parejo.

Sin embargo, y pese a que PPK tuvo una actuación muy superior a la de Piura —donde estuvo fatal—, no supo aprovechar la ventaja que le daba el asunto Chlimper, que no fue explotado por quien estaba en la necesidad de pulverizar a su rival. El punto central donde PPK no podía fallar era el del tema de transparencia y lucha contra la corrupción en el cual, pese a todos los golpes que lanzó (congresistas fujimoristas electos involucrados en investigaciones de lavado de activos o alijos de cocaína encontrados en almacén donde Kenji era socio y un largo etc.) no pudo noquear a Fujimori, quien lo puso a la defensiva con un decreto firmado por el mismo PPK para que la aerolínea del narcotraficante Fernando Zevallos siguiera operando, pese a estar ya en la lista negra del gobierno de los Estados Unidos.

Como siempre, las explicaciones del por qué fue necesario hacerlo en ese momento se las llevó el viento.

En el tema de la seguridad ciudadana fue donde Keiko se adjudicó su mejor golpe, no solo al proponer más cárceles (¡¿veinte?!) para los delincuentes, sino en enviar a los más avezados a una suerte de “Siberia”, a miles de metros sobre el nivel del mar. Fue ahí donde PPK cometió el error fatal de decir que lo que proponía su rival era una “medida cruel” contra los delincuentes (prohibida por convenciones de Derechos humanos; por eso la Defensoría del Pueblo propone cerrar Challapalca a 4,800 msnm), lo que —supongo— no debe haber causado impresión positiva en una ciudadanía que, sobre todo en los sectores C, D y E, pide contra los delincuentes algo aún peor: la muerte. 

El cierre de PPK fue lo mejor que tuvo —apelación a los valores de la democracia y el respeto a las libertades públicas contra el fantasma dictatorial que representaría el gobierno de su rival según su versión—, pero el problema con este discurso es que el destinatario final es el de los sectores A y B, a los que les interesa, aparentemente, el tema. Es poco probable que el pueblo llano tenga como prioridad el tema de cierre de PPK.

Fujimori cerró apelando al futuro, y a un liderazgo joven y de mano dura en un país en el que la inseguridad ciudadana es el problema número uno, pero con la rama de olivo llamando a la unidad y a la reconciliación entre peruanos.

La actitud de ambos fue buena y medida, a diferencia del anterior debate en el que PPK estuvo disminuido ante una Keiko avallasadora. Esta vez, a la candidata del fujimorismo no le convenía parecer una picapleitos y a PPK alguien que no es, es decir, un señor agresivo.

En síntesis, podríamos decir que hubo un empate más allá del contenido o la verosimilitud de algunas propuestas de las que en las próximas horas se encargarán de comentar los expertos. Como siempre hemos dicho, lo que importa en los debates es la percepción de quienes lo vieron u oyeron y donde lo técnico casi siempre termina sobrando.

¿Cambiará la tendencia este segundo debate? No lo creo. El empate favorecía a Keiko y, al final de la noche, eso es lo que hubo más allá de las encuestas online (sin ningún valor estadístico) que hacen los canales de televisión, en que la mayoría de opinantes pertenecen a los sectores AB donde PPK tiene más simpatía.

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