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Opinión

Susana Villarán y las esquizofrenias de la política

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¡¿Qué te pasa?!



La política siempre viene premunida de sorpresas inverosímiles y contradictorias: la coherencia discursiva o ética se desplaza con absoluto cinismo cuando los intereses personales se imponen por encima de todas las cosas.

Susana Villarán lo ha demostrado al formar parte de la plancha presidencial de Daniel Urresti. Imposible hallar otra razón.

La contradicción parte desde la misma imagen que Susana Villarán ha querido proyectar toda su vida política: una defensora de los derechos humanos, protectora de las mujeres y luchadora social. Bueno, eso lo tiró al tacho con su incorporación a la plancha del nacionalismo con Daniel Urresti como presidente. Porque, digamos, ¿Urresti es compatible con asuntos de derechos humanos? La respuesta no exige mucho esfuerzo.

El juicio que se le sigue a Daniel Urresti, el candidato nacionalista, no es una frivolidad. Es un proceso judicial por su presunta participación en el asesinato del periodista Hugo Bustíos, en 1988, en Ayacucho. Y como se sabe, este colega que era corresponsal de la revista Caretas fue volado en pedazos.

Por eso, ¿cómo es que Susana Villarán puede complementarse en un proyecto político de la envergadura de una elección presidencial con Daniel Urresti? Se trata, además, de un personaje distanciado de la sensatez y el equilibrio en su proceder público: un hombre que apela a la estridencia y a la prepotencia para tratar de imponerse a sus detractores.

Eso sin contar que va en la plancha del partido oficialista, el partido de la pareja presidencial, el partido que está bajo sospecha de haber financiado sus campañas electorales con dinero proveniente del chavismo. Ese mismo partido nacionalista que ella criticó y que buscaba mantenerlo lejos de la izquierda que ella representaba.

¿Qué pasó con eso, Susana? Antes te indignabas y ahora lo avalas. Los pactos en política también tienen sus límites: convivir con el diablo no augura futuros largos, solo favores inmediatos y fugaces. Y después de eso, muchas veces, solo queda contemplar como arde una reputación.

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