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Sucedió en el Perú

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En un país donde se apuesta por lo fácil, por lo rápido, por lo mal hecho, la historia se repite una y otra vez.



¿Tiene alguna relación extraña entre sí los dos últimos incendios? La respuesta sería que son pura coincidencia y que, más bien, reflejan algo que siempre ha estado ahí, latente y en complicidad con casi todo el país. Y es que el Perú siempre ha sido un país improvisado, donde casi todo está hecho sin rigor; un país dónde se apuesta por lo fácil, por lo rápido, por lo mal hecho, como si fuera un pozo de deicidio.

De ahí que no se aprenda que, cuando hay gente en un lugar público, la puerta principal no debe estar cerrada bajo llave. En Larcomar ha pasado lo mismo que en Utopía. Hubo un incendio y la gente no podía salir. Reapareció ese patrón compulsivo que hace que la historia se repita una y otra vez.

¿Qué hubiera pasado si todas esas personas invitadas no hubiesen podido tumbar la puerta?

¿Por qué entraban y salían por la puerta falsa? Porque como no pagaban entrada, tenían que entrar por esa vía. Mucha chamba atender por la puerta principal.

Y todo esto indigna y mucho: nos solidarizamos profundamente con las víctimas con estupor y rabia, pero no debería sorprendernos.

Recordemos que fue en el Perú donde un avión que entró a mantenimiento fue devuelto a servicio con los sensores cubiertos con una cinta adhesiva del color de la pintura. Y el avión se estrelló.

Se sigue en lo mismo. Hace solo unos días hubo una fiesta, a la que asistieron más de diez mil personas, que infringía casi todas las normas de seguridad. 

La Estación de Desamparados tiene una falla estructural producida por un terremoto y, sin embargo, funciona como La Casa de la Literatura… hasta que se caiga.

Fue también en el Perú donde un circo que había alquilado unos espacios debajo de la tribuna del Estadio Nacional dejó “olvidado” un león entre dos puertas; resultó que en pleno partido de fútbol el animal se escapó y entró a la cancha. Los jugadores corrían despavoridos y el león detrás de ellos. La gente gritaba aterrorizada. Sucedió en la década del 90 y la noticia dio la vuelta al mundo.

La empresa de cines ha decidido cerrar todas sus salas en señal de “duelo”. ¿Esto es así o es que están revisando todos sus sistemas de seguridad, porque los de Larcomar no funcionaron?

Así es el Perú, un país cómplice de su propio subdesarrollo.

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