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Sucedió en el Perú: el canto de cisne del neoliberalismo

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Solo en la religión existen dogmas universales: y eso vale tanto para liberales como para socialistas.



“Todo tiene su final, nada dura para siempre” podríamos decir de la cumbre APEC que acaba de terminar en nuestro país. Pero también podríamos decir lo mismo del último cuarto de siglo en el que, tras la caída del comunismo, su némesis neoliberal se entronizó en el mundo a través de la apertura de fronteras para el comercio y las personas.

Así, mientras que en Lima los países miembros de la APEC firmaron una declaración reafirmando los principios del libre comercio, en Estados Unidos el presidente electo Donald Trump acaba de señalar en un mensaje televisivo todo lo contrario. Trump anunció que el primer día de su mandato pondrá fin al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP) porque no le conviene a los intereses comerciales e industriales de su país, dándole la estocada definitiva.

El presidente electo de Estados Unidos ha dicho que apuesta por los tratados de comercio bilaterales y no por los acuerdos comunitarios y multilaterales como los de la APEC, con lo que va quedando claro que la declaración de Lima tendrá, ni bien terminada la cumbre, su primera baja con la economía más poderosa del mundo. No es, pues, moco de pavo.

Si a esto se suman los vientos europeos, que van en el mismo sentido de los que soplan en Estados Unidos, tenemos que en Occidente el neoliberalismo y sus principios están de salida, lo que significa un cambio planetario de paradigmas.

Así, resulta bastante gracioso que en Lima la élite que ha dominado el último cuarto de siglo predicando el libre mercado y sus innegables bondades para el Perú —lo que es completamente cierto dado que nuestro país no produce ninguna manufactura relevante y básicamente exporta materias primas— tenga puesta su fe en la China comunista a quien, por producir todas las manufacturas imaginables, le conviene que sus bienes entren al mundo sin cortapisas.

Y es que, queridos amigos, lo que no han entendido por aquí algunos predicadores de dogmas es que la realidad está poniendo estos a prueba. No existen dogmas universales más que en la religión, como no existen principios universales más que en la filosofía. Y eso vale tanto para liberales como para socialistas.

Porque, a la hora de los loros, lo que a unos países les conviene por determinadas circunstancias de su desarrollo histórico, a otros no. Por eso es que inspira una compasiva ternura que por aquí algunos editorialistas se rasguen las vestiduras por unos principios liberales que pretenden universales y a los que quieren convertir en dogmas de fe, mientras que en el país paladín de los mismos (EEUU) ya los están tirando por la borda porque les ha dejado de funcionar hace rato.

Lo que que sí podríamos decir con toda certeza es que con la cumbre de la APEC 2016, ha sido en el Perú donde el cisne del neoliberalismo ha entonado su canto más hermoso: el último antes de morir. Un hecho histórico.

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