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Sin duda no son buenos los tiempos que corren para el disenso. Tampoco para la libertad, la democracia y el estado de Derecho por más que digan lo contrario el embajador de Estados Unidos, el de la Unión Europea, el presidente de Uruguay, el cártel mediático e Ipsos.



La denegación de asilo político a Alan García por la República Oriental del Uruguay es un duro golpe contra el estado de Derecho, que viene siendo pisoteado desde un sector de la fiscalía y el Poder Judicial. Ya no vamos a redundar en las arbitrariedades, excesos y abusos que se están cometiendo contra determinados personajes políticos y emprersariales de un mismo perfil bajo el paraguas de la anticorrupción. Tampoco vamos a incidir sobre la evidente injerencia que existe por parte de una ONG con agenda política e ideológica que juega en pared con ese sector de la fiscalía y Poder Judicial sobre las investigaciones y medidas de arraigo medievales impuestas a los enemigos políticos de esa ONG.

Menos nos vamos a ocupar del aval monocorde que le han dado los medios de comunicación autoparametrados por lo que Richelieu denominaba “l’huile d’argent” (aceite de plata), un bálsamo para que las voluntades periodísticas bailen al son de la publicidad estatal. Esto es obvio. Es decir, independientemente de la responsabilidad penal que tuviere el expresidente Alan García por hechos que ni siquiera le están imputados, el asilo tenía por fin poner una lupa internacional, precisamente, sobre todos los puntos que he mencionado y sobre los que ya no necesito abundar. Al denegar el asilo, la existencia de esos hechos anómalos para toda democracia robusta y estado de Derecho con un mínimo estándar internacional prosiguen en el Perú, pero ahora bendecidos por la comunidad internacional.

El presidente del Uruguay ha dicho que la decisión soberana de su país es por consideraciones estrictamente jurídicas sobre el caso judicial que atañe a Alan García. Sin embargo, acto seguido, Tabaré Vásquez ha sostenido que en el Perú funcionan “autónomamente y libremente los tres poderes del Estado”. Esa es una declaración política y no jurídica, tal cual asegura el gobierno uruguayo que fue el motivo por el que consideró denegarle el asilo político al expresidente.

No es novedad que esta última semana los gobiernos extranjeros interfieran en los asuntos internos del Perú, haciendo declaraciones políticas de aval a la calidad del estado de Derecho y la democracia de nuestro país. Lo hicieron el embajador de los Estados Unidos y el de la Unión Europea, y hoy se suma el presidente del Uruguay, que, suponemos, serían los primeros en protestar si en sus países se cometieran los atropellos judiciales y las injerencias políticas (como el de la ONG IDL que funciona como un partido político) que se cometen en el Perú.

Mientras, el régimen del terror impuesto por la prensa, las encuestas y las redes sociales contra quienes desde diferentes espacios discrepan del gobierno o de las tropelías judiciales que se cometen en nombre de la democracia y la anticorrupción son expuestos para la estigmatización pública. Es “noticia”, por ejemplo, que ” Federico Salazar es criticado en redes por su columna sobre el referéndum”. También es “noticia” que los cibernautas piden su despido y el regreso de Carlos Galdós a El Comercio (por haberse burlado de la humanidad de Keiko Fujimori). Y así como estos ejemplos de amedrentamiento contra los que no piensan igual, varios, amparados en las encuestas on line y la turba de las redes sociales.

Sin duda no son buenos los tiempos que corren para el disenso. Tampoco para la libertad, la democracia y el estado de Derecho por más que digan lo contrario el embajador de Estados Unidos, el de la Unión Europea, el presidente de Uruguay, el cártel mediático e Ipsos.

Los que andamos en esta lucha estamos solos por el momento. Y solos habrá que resistir hasta que la marea cambie . Un nuevo mundo despunta en el horizonte internacional ajeno a la dictadura del pensamiento único y la corrección política, enemigos de la libertad. Es el signo de los tiempos. Y más temprano que tarde ese nuevo mundo, con toda su fuerza y poder, vendrá al rescate del nuestro.

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