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Opinión

Sobre la Autoridad para la Reconstrucción y los malos hábitos en la inversión pública

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Si logra superar las dificultades, el resultado será la creación de un nuevo país dentro del país: una excepción histórica.



¿Cómo lograr una reconstrucción idónea y a la vez satisfacer las expectativas de una población que pedirá soluciones inmediatas para sus necesidades y problemas? ¿Cómo hacer de la reconstrucción un proceso que pase por etapas reales de planificación y por un monitoreo adecuado, sin que en el camino se gesten intereses subalternos, cuando se habla de una inversión pública de 20 000 millones de soles? O, preguntado de otra manera: ¿cómo invertir esa suma de dinero sin que haya corrupción y sin que aparezcan favoritismos en las futuras licitaciones?

¿Cómo trasparentar esa inversión en un país prácticamente capturado por una corrupción que salta destape a destape; y en el que hay administraciones regionales incompetentes, con obras mal hechas y hasta con falta de inteligencia técnica? 

¿La Autoridad de la Reconstrucción invertirá solamente en lo estrictamente material o también, por ejemplo, destinará fondos para el desarrollo humano de las poblaciones afectadas, con el fin de generar mejores condiciones de vida para la reactivación? Porque la reconstrucción y los mecanismos de planificación de la prevención pasan también por la mente y educación de las personas. ¿O no es así? ¿Se inyectará solo esos 20 000 millones de soles que el gobierno destinará o se aprovechará el contexto y la normatividad excepcional para lograr una inversión privada nacional e internacional y acrecentar así esa suma? ¿Solo se reconstruirá lo dañado o también se buscará fortalecer las ciudades en general y las poblaciones organizadas? 

¿Cómo hará la nueva Autoridad de la Reconstrucción para transparentar sus cuentas? ¿Será a través de un simple portal informativo o se generarán mecanismos de evaluación más profundos,  perspicaces  y participativos?

¿Los sectores profesionales podrán participar con iniciativas de su interés y consideración y se generarán mecanismos de observación realmente activos y adecuadamente retroalimentados, o se actuará sólo desde una cúpula técnica y sin mayor comunicación con la ciudadanía?

Estas y muchas otras son las preguntas que empiezan a surgir a partir del nombramiento de la Autoridad de la Reconstrucción con Cambios, en un contexto en el que tendrá escenarios adversos muy complicados como son, por ejemplo, la angustia de una población que siente que ha perdido prácticamente todo, la flagrante corrupción generalizada (todos sabemos que en este tema hay todavía mucho por destapar), la improvisación y la demagogia política. Seguramente también la presión las encuestas y del propio gobierno.

Si la flamante Autoridad de la Reconstrucción logra superar estas dificultades, la experiencia final será como la de haber creado un nuevo país dentro del país; un islote de administración y de inversión pública, casi una excepción histórica, un espacio donde las normas, la seguridad  y las prevención funcionen y se les respete. Sería una gran cosa lograrlo. Sorprendería, y sería como un nuevo despertar.

Hay una oportunidad de oro en esta posibilidad. Los avances concretos marcarán la agenda política y social del país, generarán reactivación, integrarán a los sectores de inversión. Pero si no lo hacen bien, en cambio, en sólo unos meses esta iniciativa se convertirá en el más importante factor de desestabilización del gabinete y del gobierno.

De la capacidad real del trabajo autónomo del equipo encargado dependerá mucho lo que pueda ocurrir. También de su capacidad para diferenciarse de los lastres de la inversión pública.  Cuatro años (tres más uno de gracia) es muy poco tiempo pero, a su vez, es demasiado para una población que exigirá más y más y sin límite, y lo más rápidamente posible.

Obviamente hay algunas preguntas que desde ya generan un eco sobre la Autoridad de la Reconstrucción. Si el gobierno no ha podido con los Panamericanos teniendo el dinero, ¿por qué ahora sí se podría con semejante encargo? Si no se resolvió adecuadamente la controversia administrativa de Chinchero a pesar de las denuncias, ¿por qué ahora tendría que ser diferente?

Precisamente, el más importante reto de la nueva Autoridad de la Reconstrucción será lidiar contra la propia idiosincrasia de un país que no deja de priorizar lo inmediato, lo aventurero; que muchas veces transforma lo lógico en imprevisible; que ha hecho de los contratos de inversión excusas para adendas cuestionadas (con licitaciones arregladas, sobrevaloradas, endeudamientos concertados, arbitrajes de dudosa resolución, amiguismos financieros); que tiene gobiernos regionales que llegaron al poder para hacer plata para sus funcionarios de turno y literalmente como les fuera posible.

De la capacidad que tenga el nuevo equipo de trabajo para desmarcarse de estos lastres dependerá  su éxito. Mientras vemos qué pasa deseemos, como corresponde, suerte al equipo encargado de Autoridad para la Reconstrucción. El país entero los estará observando. De ellos dependerá también ahora la imagen del gobierno. Y también la posibilidad de comunicar de una manera sustantivamente mejor y diferente.

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