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Síndrome de China

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Contrario a lo que afirman mentes poco privilegiadas por las neuronas, son de alabar líderes como Donald Trump y Jair Bolsonaro que con sus peculiaridades y errores se están enfrentando al síndrome de China, que pretende capturar la cultura mundial.  



China está plantando su bota en todo el mundo que cada vez se comienza a parecer, sin quererlo, al régimen político comunista y policial de Pekín. En el marco de la pandemia mundial del coronavirus o COVID-19 de origen chino, las naciones del mundo libre han visto sus libertades conculcadas y, lo que es aún peor, con la normalidad de una necesidad inevitable.

El control social ha sido aceptado sin chistar de la forma más vertical posible a través del miedo como lo hacen las satrapías de todos los pelajes. Se decretan cuarentenas que ya son sesentenas, manteniendo a la gente en sus casas a base del terror al contagio (del virus o de ideas es lo mismo) y amenazándola con la fuerza pública como si fueran delincuentes. Y esto en todo el mundo.

En Nueva York, por ejemplo, el gobernador Cuomo y el alcalde De Blasio arremetieron contra una comunidad de judíos ortodoxos que velaban masivamente a uno de sus líderes muertos por la peste. La policía les dio de alma y se los llevó al calabozo. La escena parecía una de Pekín, Wuhan o Shangai, y no una en la meca del mundo libre.

Al igual que los chinos que son los principales explotadores de la fuerza laboral de su país (y de los que colonizan), el cororonavirus o peste china ha permitido lo que nunca había sucedido en Occidente que durante años de evolución, logró controlar la angurria innata del sistema capitalista (que produce riqueza) con leyes protectoras del trabajador. Ahora, esas leyes que pueden ser imperfectas (aunque lo perfecto es enemigo de los bueno), ya no existen más. El teletrabajo reina y campea en la PEA de todos los países del mundo, estrujando hasta la última gota de energía de los trabajadores convertidos en esclavos, pagados con sueldos que no cubren ni la mitad de lo que hacen, como los chinos reciben lo necesario para sobrevivir con su arroz de yapa.

Los cultos existen todavía en el papel, pero los creyentes y fieles de todas las religiones no pueden reunirse en una asamblea so pena de ser disueltos por la fuerza pública. ¿Si esto no se parece al régimen chino, de qué trata entonces esta “emergencia” mundial?

De China no solo ha salido el virus más letal que conoce el presente siglo, sino que a través de este se ha inoculado uno peor contra la libertad y la igualdad de los seres humanos, que mal que bien garantizaban mínimamente el progreso de la humanidad. Por eso es que, contrario a lo que afirman mentes poco privilegiadas por las neuronas, son de alabar líderes como Donald Trump y Jair Bolsonaro que con sus peculiaridades y errores se están enfrentando al síndrome de China que pretende capturar la cultura mundial.

Foto: www.alponiente.com

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