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¿Sin paracaídas?

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PPK necesita que alguien le haga el exorcismo y así reconozca sus errores. ¿Recuerdan lo que hizo Bambarén con Toledo?



Cuando estás en caída libre, tener o no tener un paracaídas marca toda la diferencia. Si lo sabrán bien, por ejemplo, Alejandro Toledo y Ollanta Humala. Ambos experimentaron una caída libre estando en Palacio pero corrieron suertes diferentes.

El cónyuge de Nadine, OH, no tenía paracaídas y no pudo remontar nunca. El ex sano y sagrado, en cambio, sí lo tenía. Lo empleó a tiempo y bien exorcizado por monseñor Bambarén. Reconoció a Zaraí de la noche a la mañana y revertió la figura. Admitió un error públicamente y estableció un nuevo pacto con la ciudadanía que devolvió su aprobación hasta límites tolerables.

La pregunta natural es si el señor presidente Pedro Pablo —también incurso en una caída libre palaciega— tiene o no un paracaídas que le permita afrontar la situación y revertirla. Obviamente en el escenario actual no hay hijos por reconocer pero sí se precisa otear el camino en busca de ese par de iniciativas políticas que permitan abrir camino a la redención.

Como usted, lector, tengo conciencia de que poco se puede esperar de una gestión que persiste en dispararse al dedo gordo. Esa amenaza de cuestión de confianza por el ministro Vizcarra, de la cual ya reculó apelando al reputado método de un cómico mexicano de bigotito, parecía más estar dirigida a Heresi, Sheput o Bruce. Porque venir a trazar la línea, hecho un Pizarro en la Isla del Gallo, cuando ocho de cada diez peruanos pide el cambio de gabinete, no es aceptable.

Pero sigamos buscándole un paracaídas al señor presidente y con la mejor voluntad. Si Bambarén exorcizó a Toledo y el cuestionado mandatario reconoció su error, imagine usted, lector, que está a nuestro alcance exorcizar a Pedro Pablo con eficacia. ¿Cuál es el Pedro Pablo que queremos?

Uno que sea capaz de revisar lo mal actuado en Chinchero y pedir disculpas al país por haber dejado dudas tras esa adenda indebida. El cambio de Gabinete, conversado o no, y la anulación de una adenda lesiva a los intereses del país y que se quiso aprobar (recuerda, peruano) argumentando la urgencia de impedir un paro regional en el Cusco.

Solo de esta manera podría el presidente detener la caída en las encuestas y recuperar la atención del pueblo peruano. Una vez que haya recuperado un nivel mínimo de sintonía con el pueblo, algo muy posible si da ese giro, que aproveche el momento para convencernos de que no tuvo nada que ver en la cuchipanda de la Interoceánica. Esto último representa la mayor esperanza de cualquier ciudadano.

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