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Sí, estamos en guerra

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La presidente del gobierno de transición de Bolivia, Jeanine Áñez, ha demostrado en los pocos días que tiene en el poder cómo se debe actuar frente a la izquierda local y continental.



La presidente del gobierno de transición de Bolivia, Jeanine Áñez, ha demostrado en los pocos días que tiene en el poder cómo se debe actuar frente a la izquierda local y continental. Ni bien asumió la presidencia, de acuerdo con el orden constitucional, no dudó en ordenar la salida de infiltrados cubanos y venezolanos, anunció el rompimiento de relaciones diplomáticas con Venezuela y la cancelación del programa de médicos cubanos (que, como todos sabemos, incluye agentes espías).

Inmediatamente se procedió a la acusación contra Evo Morales por el descarado fraude electoral. Pero ahí no quedó la cosa: apenas se propaló el audio donde se escuchaba a Evo dar órdenes de bloquear los alimentos a las ciudades más importantes y señalando algunas estrategias a seguir, el gobierno boliviano anunció que lo denunciaría internacionalmente por incitar a la rebelión y por genocidio (al pretender asfixiar a las masas por hambre).

Igualmente, Áñez no se ha amilanado frente a la amenaza de las hordas que todavía defienden al hoy asilado Morales. Todas las medidas señaladas fueron anunciadas por ella misma, y no fueron solo la lectura rigurosa o diplomática de un documento oficial. No, hubo algo más. Fueron palabras dichas con convicción, de una lideresa que sabe lo que está haciendo, que tiene conciencia de la amenaza que significa la izquierda continental para la región. Su voz transmitía seguridad, respeto por las leyes, pero al mismo tiempo la cólera e indignación de una persona que sabe de la burla del patán de Evo y de facinerosos como los Castro y Maduro.

La región tiene ahora dos líderes, Bolsonaro y Áñez, que no se muerden la lengua para calificar a la izquierda como lo que es: una masa de intolerantes, irracionales, irrespetuosos de las decisiones de los pueblos, agitadores y mentirosos profesionales. ¡Todo lo ven marcha y violencia para atemorizar a la derecha! Y lo ocurrido en Chile es prueba de lo que digo.

El ataque orquestado contra la democracia chilena lo ha visto el mundo entero, así que no hay excusas. Primero Piñera dijo, acertadamente, que estaban en una guerra; sin embargo, al día siguiente lo conocimos como un presidente que abdicaba sus funciones, temeroso, sin saber qué hacer. Lamentablemente intentó congraciarse con los mismísimos agitadores anunciando que investigaría a la policía por supuestas “violaciones a los derechos humanos” de los vándalos.

Ojalá otros presidentes tomen conciencia de que sí “estamos en guerra” y no se anden con medias tintas.

Foto: Debate.com.mx

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