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Seven and a half men

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El huachafo grito de guerra de cierta gente indignada (en su mayoría jóvenes) por los bajos resultados del trabajo de sus autoridades públicas es: "Nosotros les pagamos su sueldo con nuestros impuestos". ¡Pero en el Perú 7 peruanos y medio de cada 10 no paga un real de impuestos!



Existe un lugar común de reclamo entre los peruanos a todos los estamentos del Estado que no funcionan como un reloj suizo y que se dirige a los funcionarios y empleados públicos. El grito de guerra de cierta gente indignada –en su mayoría jóvenes y viejos– por los bajos resultados del trabajo de sus autoridades es: nosotros les pagamos su sueldo con nuestros impuestos. También: queremos saber qué hacen con nuestros impuestos. Además: ¿por qué determinados servicios y productos no son gratis si la plata sale de nuestros impuestos?

Incluso, varias veces he llegado a escuchar a mucha gente reclamar que los libros que con gran esfuerzo y profesionalismo edita y vende a precio de costo el Fondo Editorial del Congreso deberían ser gratuitos porque “salen de la plata de nuestros impuestos”.

Los hechos son estos. Según la SUNAFIL el 74% de la población económicamente activa es informal y el 26% es formal. Es decir, 7 peruanos y medio de cada 10 se encuentra en una situación de informalidad que le permite –tal como lo demuestra la ridícula presión tributaria en el Perú– evadir olímpicamente el pago de toda serie de impuestos. O sea que estos informales no los pagan si pueden y vaya que la informalidad es el mejor acicate para hacerle el perromuerto al Estado. Por lo general quienes NO pagan impuestos son aquellos que son la mayoría en la PEA, esto es los jóvenes. Por ejemplo, ¿ustedes creen que ese badulaque que preside el colectivo #NoAKeiko y que aplana calles en cuanta manifestación se presenta y que es el decano de los alumnos eternos de una universidad estatal alguna vez ha pagado el impuesto a la renta?

Algunos cacasenos dirán: ¿y el IGV? Bueno. ¿Alguien paga en el mercado el kilo de papa, pollo o ajos con IGV? ¿En el El Hueco alguien compra el contrabando con IGV? ¿Y en Polvos Azules? ¿Y en la sierra? ¿Y en la selva? ¡No me hagan reír!

Esta manía de justificar la protesta y el reclamo de la ciudadanía en general amparándola en el pago de impuestos proviene de una huachafería que es la alienación de creer que el Perú es Suiza o Suecia o Estados Unidos, donde el Departamento de Hacienda es más temido que el FBI y la Cía juntos. ¿No cayó Al Capone por evasión de impuestos y no por sus innumerables y sanguinarios crímenes? ¿No le quitan en Suiza o Suecia el 50% de los ingresos al común de los mortales para sostener el estado de bienestar? Entonces, ¿no tienen razón los suizos, los suecos y los norteamericanos por poner algunos ejemplos de ciudadanos que sí pagan impuestos a reclamar bajo ese argumento que el Estado funcione a su servicio con una eficiencia quirúrgica? Sí, la tienen.

En el Perú los únicos que podrían usar el argumento de los suizos, los suecos o los norteamericanos son los que pagan impuestos, es decir ese 26% de la PEA. Ese porcentaje corresponde aproximadamente según la SUNAT a 1000 contribuyentes entre personas naturales y jurídicas. Y de esos mil, apenas 50 son las “blue ship”, o sea, los contribuyentes que más pagan y que en buena cuenta son las empresas mineras y las del sistema financiero. Sobre los hombros de esos 1000 se sostiene todo el Estado en el Perú y, por lo general, son los que menos reclaman.

Así, pues, cuando alguno de esos protestones quemapatrulleros chille por lo mal que funciona el Estado y lance a los funcionarios públicos algo así como “para eso les pagamos su sueldo con nuestros impuestos”, no hay que hacer el mínimo caso a ese argumento.

En el Perú, un país de evasores contumaces de impuestos, el reclamo ciudadano y social funciona bajo otro principio que es el constitucional de que cualquiera tiene derecho a protestar y a ejercer su libertad de expresión. Y es en ese sentido que los pelafustanes y badulaques que no pagan ni un centavo al fisco para sostener al Estado –al que exigen que funcione como si pagaran impuestos– pueden gritar, chillar, hacer plantones, encender velitas y lavar la bandera, para no mencionar lo ilegal de la violencia de tomar carreteras, incendiar las dependencias del Estado y apedrear a la policía.

Así que, pelafustanes y badulaques: no sean huachafos y cuando reclamen al Estado y a sus funcionarios no lo hagan en nombre de los impuestos. No ustedes.

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