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Separados pero iguales

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Algunos amigos progresistas comparten una información que ensalzan: el metro de Ciudad de México ha implementado un servicio exclusivamente para mujeres.



Uno de los principales argumentos que esgrimieron quienes estaban a favor de la segregación racial en Estados Unidos fue el de “separados pero iguales”. Decían los abogados sureños que si bien la Constitución declaraba a todos los americanos iguales, de ahí no se seguía la obligación de compartir todos un mismo espacio público, por lo que bien podían ser todos iguales pero convivir por separado. A las leyes de cada estado de la Unión les correspondía, entonces, determinar los límites de la convivencia común que todos, negros y blancos, debían respetar.

Contra estas leyes se alzó Rosa Parks, una valiente mujer negra a la que las normas segregacionistas la obligaban a sentarse al fondo del autobús destinado exclusivamente para “los de su raza”. Cuando Parks se sentó en el lugar que no le correspondía y se negó a dar el asiento a un joven blanco dio origen a una serie de acontecimientos históricos que terminaron con la segregación racial en los Estados Unidos. Parks tuvo entonces doble mérito en su lucha contra la segregación: ser mujer (género discriminado) y ser negra (raza discriminada y segregada).  

Algunos amigos comparten en Facebook una información que ensalzan: el metro de Ciudad de México ha implementado un servicio exclusivamente para mujeres (de hecho, al igual que varios regímenes progresistas, en algunas satrapías musulmanas siguen el mismo derrotero).

El argumento con el que se pretende justificar esta medida “progresista” es que las mujeres estarán protegidas de los hombres violentos y mañosos. Yo no veo que exista allí ningún progreso para la causa de la igualdad de la mujer sino más bien un enorme retroceso, algo así como “separados pero iguales”, con la diferencia de que esta vez la segregación y discriminación la piden las mujeres. Pero de esto se seguiría que si bien en el papel la mujer es igual al hombre, en la práctica con estas medidas termina no siéndolo, al reconocérsele un estatus de “inferioridad natural” que debe ser socorrido por leyes segregacionistas y discriminatorias contra los hombres en general, ya que como no se puede distinguir a los caballeros de los gañanes, todo el sexo masculino queda excluido sin más.  

Es decir, se afirman estereotipos y prejuicios contra el sexo masculino, tal como podrían serlo aquellos que proclaman a los homosexuales viciosos y peluqueros o a las mismas mujeres histéricas.

Cabe destacar que las leyes de segregación en Estados Unidos tenían también una justificación basada en la “protección”. Por ejemplo, se prohibían las relaciones interraciales para “proteger” la “pureza” de la raza (blanca o negra, según la óptica de cada cual). O se prohibía el uso interracial de lugares públicos como piscinas para “proteger” la salud pública y, lo más importante acaso, las costumbres de la cultura dominante en el sur. Como vemos, detrás de cualquier medida segregacionista se suele agazapar siempre algún tipo de justificación “protectora”.   

Supongo que llegará el día en que esta nueva suerte de segregación y discriminación se romperá cuando un hombre de bien decida sentarse donde hoy no le está permitido. Ironías de la vida, mi querida Rosa Parks.

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