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¿Se viene el oso?

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Las predicciones avizoran una depresión económica PEOR, diferente y más duradera que la de 1929.



Actualmente circulan centenares de artículos que debaten la recesión que se cierne sobre los EE. UU. porque lo hecho durante la crisis subprime del 2008 por los bancos centrales, sumado al uso que hacen los estadounidenses de su dólar y poder, determinan que este ficticio crecimiento tan largo tiene que parar en algún momento.

El Bull Market que es ahora Wall Street –esta prosperidad de la Bolsa– es sin duda el resultado de billones de dólares creados en la última década por la perversa flexibilización monetaria QE. El analista Doug Casey refiere que la economía estadounidense es realmente un castillo de naipes, construido sobre arenas movedizas y con un tsunami en el camino. Sitúa la depresión en tres aspectos: 1) un período  cuando el nivel de vida de las personas desciende significativamente; 2) otro en el que se liquidan las distorsiones  indebidas de capital; 3) cuando culmina el ciclo de negocio.

Sobre el primer aspecto, cualquier desastre natural puede provocarlo; mientras que para los otros dos, cabe preguntarse: ¿cuál es la causa de las distorsiones que afectan la forma en que el mercado opera? La acción del gobierno, con regulación, impuestos e inflación de la moneda, o la inducción a que la gente haga cosas que preferiría no hacer o a invertir en cosas sin  sentido.

Esto reduce el nivel de vida de una sociedad, pero el problema grave sucede cuando se hace insostenible y la realidad obliga a liquidar. El resultado es la bancarrota de las empresas, la cesación de pagos de la deuda y el desempleo.

El ciclo del negocio es causado principalmente por la inflación –que crece debido a la monetización de la deuda pública a través de la banca–; por otro lado, el uso y abuso de la máquina de la Fed es en parte anticuado ante el informatizado mundo de hoy. Así, la inflación envía falsas señales a los empresarios , quienes deciden invertir con préstamos y así “estimular la economía”. La moneda disminuye las tasas de interés durante un tiempo, porque el precio del dinero baja por el aumento de la oferta.

Todo esto hace que la gente ahorre menos y consuma más: viene pasando en Estados Unidos y mucho de ese dinero va a Wall Street. Hasta ahora todo se ve bien y semeja prosperidad, pero el oso forzosamente tendrá que despertar en algún momento. El Bear Market ya muestra a empresas que empiezan a a fallar: caen los stocks y, por tanto, el empleo. El gobierno promueve un “paquete de estímulo”, pero el derrotero parece marcado.

Las predicciones avizoran una depresión PEOR, diferente y más duradera que la de 1929.

Imagen: Coined Times

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