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Se desinfla el adelanto

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En las guaripoleras y el propio gobierno se ve susto y preocupación, pues la reacción de la calle no ha sido la esperada. ¡Y no hay que confundir las encuestas con la calle!



Luego de la primera bulla mediática sobre el adelanto de elecciones generales propuesto por Martín Vizcarra hace más de una semana, el ambiente de crisis política creada artificialmente por la prensa y por el propio presidente empieza a desinflarse. La calle está mustia y abocada a sus propias preocupaciones del día a día.

Como era de esperarse, las encuestas revelan el desencanto por el Congreso que viene desde hace tiempo y –como bien reseña una nota de El Comercio– este ha tenido sus picos más bajos en otros quinquenios que el actual. Así pues, la estrategia política de los antifujimoristas y antiapristas está teniendo serios contratiempos para su implementación, pues sin “calle” no hay posibilidad de que se concrete el proyecto del Ejecutivo. De ahí la desesperación de las guaripoleras de Vizcarra por vender el cuento de una convulsión social que no existe en ninguna parte del país sino en AREQUIPA y cuya responsabilidad no tiene nada que ver con el Congreso ni las reformas políticas, la corrupción u otra especie, sino porque el propio Vizcarra se bajó los pantalones ante una turba luego de haber otorgado la licencia de construcción para la mina de Tía María.

La misión de las guaripoleras de Vizcarra es entonces calentar la calle a punta de portadas, encuestas y opinólogos, pero también convencer por todos los medios a una cierta élite de personalidades reticentes a una decisión inconstitucional y temeraria de que el problema de la “crisis” es política y social, y no legal y constitucional. El modus operandi de estos golpistas encubiertos es ir llamando uno por uno a los abogados resistentes para venderles el cuento de que la calle está a punto de explotar, de que la cosa no da para más, de que Vizcarra es un incapaz y que la mejor salida es que se vaya con el Congreso y que todo empiece nuevamente de cero.

Al palo del susto se suma la zanahoria del ofrecimiento repugnante de alguna prebenda velada. De más está decir que esto tampoco está dando resultados, pues ya son varias las voces institucionales y académicas que se van pronunciando en contra con sólidos argumentos jurídicos de que lo propuesto por Vizcarra y sus guaripoleras no tiene ningún asidero constitucional. Y ese es el peor temor de estos golpistas intrigantes, pues saben perfectamente que SU PUNTO DÉBIL ES LA LEGALIDAD.

Y esa debe ser la lectura del Congreso. Este no puede ganar una batalla política en las condiciones actuales, pero sí una batalla legal y aferrarse a ella. En las guaripoleras y el propio gobierno se ve susto y preocupación pues la reacción de la calle no ha sido la esperada… y tampoco hay que confundir las encuestas con la calle. Mientras, los ministros ya deben estar sudando frío de haber avalado una propuesta que puede traerles serios problemas penales por interrumpir las elecciones generales previstas en la Carta Magna, amén de un acta que ya se va pareciendo al escándalo de la página 11 y que les pasará factura (¿alguien dijo colaboración eficaz?).

El tiempo corre, entonces, a favor de la institucionalidad y del Congreso y en contra de Vizcarra y sus guaripoleras. Es cuestión de resistir firmes y no dejarse tocar de nervios.

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