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Sangres enfrentadas

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Breve mirada de largo aliento al enfrentamiento entre hermanos en la historia política de larga duración.



Intentaré trazar una mirada sin el menor ánimo enciclopédico y por lo menos me permitiré empezar subrayando, con un remanente de esperanza, que los cuatro hermanos Ayar no se pelearon. Uno iba desapareciendo o tranformándose después del otro.

En cambio, la imagen del encono fratricida la tenemos bien impregnada con la dupla Huáscar-Atahualpa. Cuando sus fuerzas tomaron el Cusco viejo, Atahualpa ordenó desde Cajamarca que a Huáscar lo perforaran a la altura de la clavícula (flor de cirugía nativa) para pasarle una cuerda y exhibirlo colgado. Y dicen que desde la llegada de los barbudos (suncasapacuna) Huáscar aguantaba con ilusión. Y más ilusión habrá tenido cuando le dijeron que había orden de llevarlo a Cajamarca.

Huáscar terminó durmiendo con los peces de un caudaloso río. Se odiaban. Se sabe que Atahualpa solía entretener a sus generales imitando la afeminada conducta de Huáscar.

La propia conquista fue un enfrentamiento de indios contra indios. Está probado, pero avancemos. Poco antes de la  batalla de Ayacucho se dio una breve tregua pues había familiares y amigos en ambos bandos que querían saludarse. Siempre me ha impactado la imagen de Ramón Castilla, exsoldado del rey, abrazando a su hermano Leandro que era un realista a morir. Se despedían  e identificaban bien la vestimenta y los aparejos de cabalgadura par no chocar entre ellos. 

La desconfianza entre hermanos, en el ámbito político, no es un invento nuevo. Hay detalles desconocidos de la tragedia del presidente Balta en 1872. A cargo de Balta estuvo el optimista brindis por los cincuenta años de la Patria. Era 1871: las luces de vida civilizada llegaban por fin, el Perú prosperaba y se preparaba para elecciones democráticas.

Pobre Balta. No llegó a ver el siguiente 28. Para entonces ya Pardo había sido elegido como primer presidente civil. Pero un sector del ejército se negaba a reconocerlo y exigía a Balta dar un golpe. Al final se lo dieron a Balta, asesinado, y los golpistas Gutiérrez fueron colgados de la torre de una iglesia.

El británico Stevenson trae detalles espectaculares del suceso. Él tomó el último tren del Callao a Lima, del cual bajó Pedro Balta, hermano del presidente. Se conocían. Pedro le dijo que no había novedad en Lima. Y no la había entonces, pero al llegar el tren a la capital justo se iniciaba el golpe a Balta. Tremendo.

Dicen que el presidente en lugar de atender a razones preguntaba una y otra vez, perdiendo tiempo valioso, si su hermano Pedro (también militar) estaba metido en esa conspiración. Le decían que no, pero el pobre no se convencía.

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