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Sánchez Cerro: todas las balas tenían su nombre

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Una intensa balacera se desató, ya con el supuesto sicario abatido y con el presidente herido rumbo al hospital.



Estaba vestido de azul con corbata gris y puntos azules. Era bizco, se llamaba Juan Mendoza y dicen que le disparó a quemarropa al presidente de la república. El chofer sintió ruido de bala, volteó y vio al presidente herido, y al agresor abatido por un golpe. Decidió frenar y acelerar nuevamente a fin de que el agresor cayera al suelo, donde fue rematado a tiros.

La balacera fue intensa, casi rabiosa. Disipada la estampida humana los cronistas de los diarios pudieron identificar a unos quince metros de la puerta de ingreso al Hipódromo una mancha redonda de ochenta centímetros de extensión.

“Cuando llegamos a ese lugar —dijo el reportero de la Crónica—, se habían formado algunos coágulos que multitud de curiosos contemplaban haciendo comentarios”. Una escena del crimen totalmente expuesta. Recién después se hizo presente una patrulla del regimiento 5 de infantería y despejó a los curiosos tomando diversos emplazamientos en el teatro del magnicidio.

Se sabe que Benavides, apenas enterado del atentado, tomó medidas para asegurar la vida de Haya, preso en ese momento. Otra hubiera sido su actitud de haber sospecha sobre una mano aprista detrás del atentado del hipódromo. Grupos complotando había más de uno.

El propio Basadre asegura que “circuló la versión muy verosímil de que algunos civiles también hicieron fuego desde unos árboles, mientras disparaba la tropa”. Lo cierto es que si Abelardo Mendoza fue acribillado de inmediato, ¿por qué hubo tantos disparos y una cantidad de heridos propia de un fuego cruzado? Si el asesino estaba abatido, ¿contra quién disparaba la tropa?

A raíz de ese intenso tiroteo, se reportaron muertes pero solamente se identificó a un guardia republicano, de nombre Teodoro Rodríguez, además de varios heridos: el alférez Fortunato Bedoya, el cabo Juan Acuña, el cabo Juan Núñez, y otros dos cabos de la GR que no habían sido identificados. También resultaron heridos de bala el sargento Segundo Ananías Yataco y el soldado Félix Herrera de la escolta presidencial. Y cuatro civiles quedaron malheridos sin haber sido identificados.

Pero sí había apristas que lo querían muerto al Mocho. Basadre recuerda que circuló también la versión de que “un grupo de apristas preparaba unas bombas para hacerlas estallar en el jirón de la Unión cuando pasara por esa calle Sánchez Cerro”. Pero el coche presidencial nunca llegó.    

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