Connect with us

Opinión

Salvar al Congreso es salvar a la república

Publicado

el

Queda absolutamente fuera de lugar cualquier censura a la mesa directiva presidida, precisamente, por quien ha comprendido que la única forma de salvar al Congreso es tomando distancia de los partidos, sin perder la lealtad moral que lo legitima con la que lo puso allí.



Asegurada su lealtad al partido que lo llevó a ocupar su curul y los más importantes cargos dirigenciales, pero, sobre todo, a la líder del mismo (“licencia temporal a mi bancada no debe interpretarse como un alejamiento de Keiko Fujimori. Ella es una mujer que admiro por su honestidad, su entereza, su coraje, pero sobre todo por su liderazgo en Fuerza Popular. Keiko no está sola”), Daniel Salaverry ha hecho bien en ponerse por encima de todas las facciones partidarias en el Congreso. Luego de que las presidencias anteriores hicieran todo lo posible por representar con dignidad al primer poder del Estado, la actual ha entendido perfectamente la situación de crisis TOTAL de TODOS los partidos políticos y la “clase” a la que representan.

No solo es Fuerza Popular la que está en la picota electoral y política. El partido del gobierno no sacó ni un distrito en las últimas elecciones municipales y regionales y el presidente que llevó al poder renunció por corrupción, mientras que varios de sus voceros más conspicuos en el Parlamento también están envueltos en acusaciones de aportes de campaña y reuniones de la misma índole que han llevado a la señora Fujimori injustamente al banquillo de la inquisición política.

A los otros no les va mejor. La izquierda dividida vocifera contra la corrupción, pero sus principales líderes están esperando sentarse en ese mismo banquillo (Susana Villarán por Línea Amarilla, OAS, Odebrecht, los peajes y la campaña del No a la Revocatoria con la complicidad política de todos sus regidores de entonces), al tiempo que los que la acompañaron en su gestión municipal han terminado siendo desenmascarados en los Pasos Perdidos, coordinando “estrategias políticas” de ataques a adversarios, en chats muy parecidos a los de la Botika que hasta ayer nomás criticaban para justificar la cabeza del presidente del Congreso. El Apra no pudo siquiera poner un candidato a la alcaldía de Lima y Acción Popular –que ganó Lima por Muñoz– tiene representantes en el Parlamento que se la pasan proclamando a cuanto micrófono encuentran por el camino que el Congreso en el cual están sentados es una cloaca que no sirve para nada.

Así las cosas, cualquiera hubiese sido el partido que hubiese llevado a Salaverry a presidir el Congreso, la respuesta política habría –en mi opinión– tenido que ser la misma: tomar distancia partidaria para salvarlo.

El Congreso de la República es la encarnación de la democracia representativa de gobierno y de nuestra Constitución. Su deterioro y deslegitimación (de la que los partidos políticos que están allí y afuera tienen gran responsabilidad) solo puede traer como consecuencia un régimen totalitario que, una vez instalado y apoyado en la anarquía de las turbas, entronice a uno de los tantos mandones de turno que ha conocido el Perú (con el cuento del “orden” que siempre termina en MÁS CORRUPCIÓN). Soy enemigo jurado de la “democracia directa”, de la “democracia participativa”, del “solo nos queda la calle para hacer oír nuestra voz”, de la chusma abyecta pechando a las autoridades democráticamente elegidas con el cuento de “tengo derecho porque pago mis impuestos (que nunca pagan) a protestar”; en fin, de la olocracia. Es por eso que los demócratas de verdad tenemos el deber moral de salvar el Congreso contra cualquier intento de cerrarlo (bajo pretextos “constitucionales” de medio pelo) o de avasallarlo para convertirlo en un apéndice del gobierno o de las turbas inmorales amparadas en el anonimato del número, el palo, el cóctel molotov y las llantas quemadas.

Quien preside entonces ocasionalmente ese Poder del Estado, vital para el estado de Derecho y la democracia constitucional, debe dejar de formar parte del conglomerado de cualquier bancada o partido para separar la institución del Congreso del debate de las facciones y sus inevitables excesos propios del juego político (hoy satanizado por el cartel mediático por oscuros intereses de agenda propia). Personificando al Congreso fuera de los partidos y por encima de ellos, Salaverry puede maniobrar con mayor libertad para salvar la imagen del Congreso y liderar una agenda proactiva que impacte positivamente en la opinión pública. Pero como Salaverry ganó la mesa por su partido, es también justo e indispensable que Fuerza Popular esté allí representado por los tres vicepresidentes que serán el soporte político de su bancada. Chihuán, Tapia y Vilcatoma representan en la Mesa Directiva a Fuerza Popular porque así lo decidió democráticamente el voto que llevó a Salaverry a presidir la mesa. Ese equilibrio entre los cuatro es indispensable para llevar a cabo la operación de salvataje de la institución clave para la democracia que, por la crisis política que atraviesa, está administrativamente paralizada.

Es pues absolutamente fuera de lugar cualquier censura a la mesa directiva presidida, precisamente, por quien ha comprendido que la única forma de salvar al Congreso es tomando distancia de los partidos, sin perder la lealtad moral que lo legitima con la que lo puso allí.

Seguir leyendo
Click para comentar

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Opinión

Marcelo y el candidato del color de la mora

Seguir leyendo

Opinión

Expreso revela “la conexión humalista” de Maximiliano Aguiar

Seguir leyendo

Opinión

Hace rato que el fusible se fundió

Seguir leyendo

Tendencias

Director: Ricardo Vásquez Kunze.


Contacto: [email protected]

Copyright © 2019 Todos los derechos reservados a favor de Político.pe. Aviso Legal. Desarrollado por Smart! Grupo Creativo