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Rosa de lejos

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Exceptio veritatis: ¿acaso se espera que todos los heterosexuales sean homofóbicos, que tengan la misma agenda política, moral y religiosa, y que marchen por las mismas causas?



Este fin de semana se lanzó en las redes sociales un video mío en el que invito a un plantón cívico que se realizará el jueves 15 de noviembre de este año en la Plaza San Martín organizado por el colectivo #ConMisHijosNoTeMetas. Como quienes me siguen ya saben, la cuenta de Twitter que lleva mi nombre solo difunde mis artículos siempre firmados (porque nunca me oculto bajo ninguna máscara ni ningún seudónimo) y los videos en los que participo. No sigo las discusiones que allí se dan (por lo que no me entero absolutamente de nada por mi propia voluntad) y mucho menos discuto con nadie ni opino sobre nadie en los pocos caracteres que permite esa red social.

Sin embargo, a veces me llegan los ecos lejanos –cuando los decibeles son muy fuertes– de gente que opina sobre mí y a la que no suelo hacerle el menor caso (como ustedes bien saben: ojos que no ven corazón que no siente). Haré una excepción en este caso, es decir, en cuanto a cierta jauría que según me cuentan se ha lanzado a llenarme de epítetos e injurias y que en su mayoría corresponde con la así denominada “comunidad gay” y “progresista” del Perú. Le inquieta a esta gente –cuya real “tolerancia” ha sido puesta de manifiesto con la virulencia de sus ataques– el hecho de con quién me acuesto en la intimidad de las cuatro perillas. Al parecer, ese es el argumento por el cual yo estaría “descalificado” para apoyar la marcha cívica a la que invito, repito, este 15 de noviembre a las 10 de la mañana en la Plaza San Martín.

Yo no sé si esta gente de la “comunidad gay” o “progresista” habrá visto el video, pero si lo han visto de lo que sí estoy seguro es que no han entendido nada y, peor aún, han demostrado plenamente el punto que quise dejar más claro que el agua: el TOTALITARISMO y la INTOLERANCIA de aquellos que profesan la ideología de género (todo “enfoque” es siempre ideológico) y la agenda LGTBI.

A mí me importa un pepino con quién se acueste Perico o Perica de los Palotes. Si Perico se acuesta con Perico y Perica con Perica es asunto de ellos porque está en el ámbito de su libertad individual pero, sobre todo, de su INTIMIDAD. Lo que yo nunca podré avalar y por lo que lucharé hasta la muerte es que esa INTIMIDAD y esa libertad individual –que tiene cada cual sobre los gustos y preferencias que le venga en gana– terminen IMPONIÉNDOSE a través del Estado a toda la sociedad mediante políticas educativas, académicas, sociales y legales, ya sean nacionales o internacionales. Nadie tiene el derecho de que su norma de conducta individual se convierta en obligatoria para todos, más aún cuando esta conducta individual no tiene el consenso social (“licencia social” le dicen los “progresistas”) y es minoritaria.

Digo, pues, que no es democrático que una minoría le imponga a una mayoría su forma de ver el mundo porque ello es TOTALITARIO. Entonces: la gran paradoja aquí es que aquellos que piden respeto por su individualidad y sus preferencias y su intimidad son los primeros que no respetan las normas de conducta y el contrato social de la mayoría, amparados en una pretendida “superioridad moral” y “progreso humano” que nadie, excepto ellos mismos, se han otorgado y elegido como representantes.

La así llamada “comunidad gay” y “progresista” pretende, como la inquisición, que todos aquellos que tienen las mismas preferencias afectivas que ellos tengan necesariamente que comulgar con su agenda política e ideológica. Ese “argumento” es tan falaz, por no decir ESTÚPIDO, como si yo dijera que todos los heterosexuales deben ser homofóbicos, tener la misma agenda política, profesar la misma religión, compartir la misma moral y marchar por idénticas causas. Si ese es el punto, queda DEMOSTRADO lo que yo sospechaba desde hace mucho tiempo: que la ideología de género, la agenda LGTBI y el “progresismo” son una ABERRACIÓN en tanto toda aberración es siempre INTOLERANTE y TOTALITARIA.

Con quien yo me acueste es asunto mío y de nadie más. El Estado no tiene por qué meterse en mi cama, tampoco la “comunidad gay” ni el “progresismo”, mucho menos las “redes sociales”, ni la prensa, ni los “líderes de opinión” ni la chusma callejera. El respeto de hacer de mi vida en mi intimidad lo que a mí me da la gana dentro de la ley está claramente establecido por la Constitución y los valores republicanos. Pero ninguna ley puede ir contra la realidad de la naturaleza y proclamar que la noche es día y el día es noche, como tampoco puede establecer que más allá de los gustos y preferencias privados de cada cual existe un GÉNERO X (como lo acaba de estatuir, por ejemplo, la ley del Estado de Nueva York).

Lo absurdo, por más legal que sea, sigue siendo absurdo y nadie que tenga un mínimo de sentido común puede avalar semejante disparate. En último caso, tienen la libertad de creer en ello y marchar por ello, pero yo ni nadie tenemos que pedirles PERMISO para no creer en el GÉNERO X y marchar contra ello.

¿Ya les quedó claro, señores de la “comunidad gay” y “progresista” del Perú y balnearios, por qué –así como yo no les digo cómo deben ser ustedes ni por qué causas marchar– yo no tengo la obligación de ser como ustedes ni identificarme con ustedes?

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