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Reforma política

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Construyeron un castillo sin cimientos, pues cualquier reforma política pasa por involucrar libremente a los interesados en la cosa pública y dejar que a los que les interesan otras cosas se queden en sus casas el día de la elección.



“El hombre prudente –decía Míster Balfour, primer ministro liberal inglés– se contenta con ir resolviendo los problemas de su generación, tal como se van presentando, dentro de un criterio moderado y prudente, siempre con la débil conciencia de sus débiles medios de previsión y de sus estrechos límites de acción”. El conde también decía: “Yo creo que trae mayores ventajas el hacer una cosa estúpida que haya sido hecha ya con anterioridad, que una innovación más sabia”.

Como queda claro, el político y filósofo liberal no creía en las “reformas”. Su tío y mentor, el marqués de Salisbury –también primer ministro pero del partido conservador–, tampoco creía en las “reformas”. Como buen inglés, detestaba las fórmulas abstractas que decía eran pretexto para pensar sin ahondar en las raíces de la cuestión. Cuenta André Maurois que cuando los liberales –por represalias contra los grandes cerveceros que apoyaban a los conservadores en las elecciones– propusieron reducir el número de establecimientos, el pretexto invocado fue naturalmente el deseo de “combatir la embriaguez” y no el de hacer una operación electoral. Lord Salisbury sostuvo con desprecio que la embriaguez no depende del número de cervecerías. En mi casa de Hatfield, –dijo– hay cien camas. Y esto no nos hace dormir más”.

En el Perú sucede todo lo contrario. Siempre hay alguien que quiere inventar la pólvora “refundando la república” a través de constituciones que parecen códigos, en vez de que la carta fundamental señale apenas los grandes líneamientos de conducta para toda la sociedad, el Estado y el gobierno. Ahora está de moda la reforma política que pasa en varios puntos propuestos por una reforma constitucional. Como en un laboratorio se presentan (sin ninguna prueba en la realidad) una serie de iniciativas para mejorar el sistema político tratando a la fuerza  de calzarle el zapatito de cristal de la Cenicienta a a esa choclona que es el Perú. Así, una élite de ilustrados a los que nadie ha elegido para gobernar nos dice que es mejor dos cámaras que una, torciendo la voluntad del pueblo consultado en referéndum y amparándose en “encuestas” ad hoc que sirven a los intereses de medios de comunicación embarcados en una campaña probicameralidad.

A como dé lugar quieren que el Perú tenga dos cámaras porque les apesta la unicameralidad popular de Fujimori, por ejemplo. O sea, en vez de mejorar lo que hay, quieren cambiarlo todo. Lo mismo ocurre con la cháchara “de género”. Alternancia de hombres y mujeres en las listas congresales propone el experimento. ¿Y los “transgéneros” en qué lista irán?

¿Y por qué solo el Congreso tiene que ser “paritario”? ¿Por qué no se institucionaliza también la paridad en el gabinete? ¿Y por qué no en el Ejecutivo: un presidente y una presidenta cada cinco años? ¿No será porque atenta contra la democracia y la libertad de elegir? Y si es así, ¿por qué quieren atentar contra la libertad de elegir representantes para el Congreso? ¿Para eso eliminaron el voto preferencial en favor de la “paridad”?

¿Y de dónde salieron los 130 congresistas y los 50 senadores? ¿De una cábala o de la realidad? ¿Y eso de que no irrogarán más presupuesto cómo pueden obligarlo? ¿Bajo qué mecanismo? ¿Una cláusula pétrea? ¿No es fantasía?

Si querían una reforma que mejore sinceramente la política en el Perú, la comisión que acaba de entregar su informe debió haber hecho una única reforma de sentido común: que a los que les interese la política participen de las elecciones y a los que no les interesa, no obligarlos a participar. Pero el voto facultativo es la única gran reforma que brilla por su ausencia.

Construyeron un castillo sin cimientos, pues cualquier reforma política pasa por involucrar libremente a los interesados en la cosa pública y dejar que a los que les interesan otras cosas se queden en sus casas. No es muy difícil de comprender cuando no se parte de conceptos abstractos sino de la realidad.

Por eso que Inglaterra, por ejemplo, tiene una clase política y el Perú, a muchos politicastros de medio pelo.

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