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Reelección: siempre jugando con la R

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Revocatoria, remoción, renuncia... palabritas vinculadas muchas veces a corrupción y negligencia permiten el regreso a la cancha de una vieja conocida.



Cuando en el mes de marzo del año pasado, a iniciativa de la bancada nacionalista, el Congreso aprobó la no reelección inmediata de los gobernadores regionales y alcaldes, lo primero que se pensó es que sería una ley de poca duración porque finalmente hay funcionarios muy valiosos que merecen ser reelegidos y todos sabemos que no es fácil conseguir a personas con vocación de servicio, dispuestas a trabajar mucho, ganar poco y exponersea acciones penales.

Sin embargo, vale la pena recordar el escenario en que se dio esta norma. En el mes de julio de 2014, la Procuraduría Anticorrupción había declarado que de los de los 1841 alcaldes a nivel nacional, 1,699 (el 92%) estaban siendo investigados por presuntos actos de corrupción. Poco más tarde, el entonces contralor Fuad Khoury denunciaba que existían quinientos funcionarios sentenciados en el país por corrupción y apenas veinticincoestaban recluidos, y el resto tienen pena suspendida. A más inri, de los 25 presidentes regionales siete estaban investigados.

Recordemos de entre ellos a las más brillantes joyitas: Waldo Ríos hoy condenado a cinco años de prisión; Ricardo Flores Dioses, millonario a costa de los vecinos de Tumbes, el departamento más pequeño del Perú; Wilfredo Oscorima de Ayacucho, también condenado a 5 años de prisión efectiva; Gregorio Santos de Cajamarca y… mejor cortamos la lista pues solo generan vergüenza e indignación.

En la fecha de aprobación de la reforma constitucional, el diario El Comercio publicaba la foto de unas sonrientes Nadine Heredia y Ana Jara saludando y aplaudiendo la decisión. Específicamente. Heredia declaraba: “Este es un día importante, porque se ven los cimientos de una democracia, cómo fortalecer las instituciones y los partidos políticos”. Meses después, esa sonrisa desvanecería para siempre, luego de que el programa Panorama sacara a luz el tema de las agendas que ha sido la génesis de lo que parece una interminable cadena de sucesos indecentes e ilícitos.

Por su lado, la presidenta del Congreso Ana María Solórzano agradecía “a los congresistas que han hecho esta reforma constitucional posible. Una reforma que es una herramienta en la lucha contra la corrupción”.

Las mujeres del nacionalismo estaban convencidas de haber identificado la piedra filosofal de la guerra a la corrupción… sin ser salpicadas.

Fuerza Popular recientemente ha presentado un proyecto de ley para permitir la reelección inmediata de los alcaldes provinciales y distritales. Destaco dos ideas fuerza de la exposición de motivos: (1) Que la reelección es un mecanismo democrático por el cual el alcalde puede tener un plazo adicional para poder cumplir con su plan de gobierno y (2) que la gestión anterior compromete presupuesto y no le deja financiamiento suficiente para que el alcalde entrante pueda hacer la obra que tiene prevista; el tiempo les queda corto.

A mi juicio, una exposición de motivos bastante superficial, sin desmenuzar el tema de fondo o levantar la necesidad de introducir cambios a lo que significa una gestión municipal. Es muy probable que esta norma sea aprobada en el Pleno y que entre en vigencia respecto a las autoridades ediles que serán elegidas para el 2018.

Dicho esto, considero que si la modificación del artículo 194 de la Constitución tuvo como objetivo real reducir la corrupción de los gobernadores regionales, alcaldes provinciales y distritales y no fue una norma emocional, irreflexiva y coyuntural ante la abrumadora cantidad de autoridades cuestionadas, se necesitan varios periodos sin reelección automática para evaluar su eficiencia. No estoy de acuerdo con prohibir la reelección pero si me hubiera gustado un análisis más profundo, mayor investigación y quizás periodos de maduración para que este tema de la reelección de autoridades ediles no se convierta en pendular.

Una reflexión final: pedir que un candidato no piense en la reelección es atentar contra la naturaleza humana porque, aunque lo neguemos, el estado de euforia que da el ejercicio del poder solo lo puedes definir en todos sus alcances si lo has disfrutado. Como diría el historiador católico británico conocido como Lord Acton: “El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente”.

En nuestro país es casi como pedir el cielo pretender que se vote por una agrupación política o por un plan de gobierno y no por el carisma o atracción o fuerza o simpatía de un candidato. El candidato cautiva: nos encanta la carita, el bailecito o la sonrisa, a pesar de que muchas veces sea congelada. ¡El voto es un acto emocional aun cuando nos cueste reconocerlo!

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