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Recién mediremos la ola morada

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Un Guzmán medio vivo o medio muerto necesita demostrar que su arrastre es real.



Tras el fallo del jurado “soplapluma”, no sabemos si Guzmán está medio vivo o si está medio muerto. Al margen de la retórica de los especialistas y las instancias a recorrer, podría ser la primera vez que un candidato desafía de esa manera el sistema electoral desde Guillermo Billinghurst en 1912. 

Lo de Belaúnde en 1956 cuenta menos porque don Fernando era por entonces recordado como exdiputado con voto aprista, como un buen arquitecto al que sus discípulos querían y logró tras un manguerazo inscribir su partido, Acción Popular. El resto del proceso fue, más bien, normalito.

Billinghurst, en cambio, irrumpe en la escena pública de 1912 también con tono cuestionador, a lo Guzmán, y con las reglas electorales en contra. Aquella vez, sin embargo, Billinghurst  no solo alteró el panorama electoral si no que llegó a Palacio pasando por encima de las urnas como he comentado en otro post.

Billnghurst logró su propósito gracias a la ola billinghurista que remeció nuestro cimiento político. Si me permiten usar lenguaje de hoy, los “billinghurstlovers” de 1912 eran hombres de a pie agrupados en clubes obreros o en organizaciones de juventudes. Eran ciudadanos hartos del viejo pierolismo o del civilismo o de toda la élite política que pensaba como en el siglo pasado.

Y la clase política estaba muy desgastada. No olvidemos que ya en las elecciones de 1908 el civilismo tuvo que importar un candidato ajeno llamado Leguía. Pero la ola billinghurista era real, se sintió y las cosas cambiaron. Y en Palacio ayudaba Leguía, feliz de dejar sin piso al civilista Antero Aspíllaga.

Hoy, Guzmán toma el escenario del desafío también bajo la sospecha de ser alentado desde Palacio y para imponer su candidatura apela al peso de las bases movilizadas. ¿Podrá lograrlo?

Depende: a lo mejor la ola morada no es tan grande como la han querido pintar. Eso creo. Pero veo, a diferencia de antes, a toda la maquinaria antifujimorista —esa sí muy profesional y capaz— puesta al servicio de Guzmán.

Si la ola morada existe revisen el sismógrafo. De lo contrario, saquen su cuenta.

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