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RBG y el TC

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No faltarán zancadillas en el camino pero en Estados Unidos y aquí, independientemente de quién gane las presidenciales, habrá nuevo juez de por vida en la Corte Suprema y nuevo TC por siete años. 



Los caviares son fariseos aquí y en todas partes. En Estados Unidos murió esta semana Ruth Bader Ginsburg (RBG), a la que los caviares elevaron a un altar de semidiosa llenándola de la parafernalia propia de una megaestrella, que es como en gringolandia se percibe a los semidioses. La anciana difunta juez de la Suprema Corte de los Estados Unidos era abortista y feminista, de esas que los caviares adoran.

Como el cardenal Fleury, primer ministro de Luis XV, nadie esperó que esta veterana abogada viviera tanto, dejando a muchos con los crespos hechos. Vio pasar presidentes tras presidentes –en Estados Unidos el cargo de juez de la Suprema Corte es vitalicio–, pero finalmente Dios la llamó a rendir cuentas a los 87 años.

De inmediato empezó, como corresponde, la sucesión. Según la Constitución, el presidente de los Estados Unidos tiene la potestad de proponer al candidato a juez supremo, ante el Senado que lo ratifica o lo rechaza. Pero el presidente es Donald Trump (que ya designó en su mandato a un juez supremo conservador, Brett Michael Kavanaugh, al que las feministas le hicieron la vida imposible) y ya los caviares han puesto el grito en el cielo para que se abstenga de ejercer su derecho porque “eso sería un abuso que el pueblo no toleraría”, según dijo “Sleepy Joe” Biden en un arranque de frustración e impotencia.

Trump, por supuesto, se ha zurrado en la nota y ya empezó el proceso de selección para que el Senado de mayoría republicana decida quién reemplaza a la díscola anciana RBG (muy parecida, por cierto, a Ruth Gordon, la bruja de El bebé de Rosemary).

Mientras tanto, aquí en el Perú los caviares actúan de la misma forma totalitaria que Joe Biden y sus esbirros en la prensa, ONG y opinología (que se hacen llamar la “opinión pública”). Ya han salido varios a advertir que el actual Congreso no debería designar a los seis de siete miembros del Tribunal Constitucional con mandato vencido desde hace dieciocho meses, y que es mejor que lo haga el nuevo Congreso que se elegirá en las elecciones generales de abril de 2021. ¿Hay alguna norma constitucional que limite el poder del Congreso a ejercer su función? NINGUNA. No olvidemos que el anterior Congreso –que no pudo terminar su mandato– fue disuelto, precisamente, por querer ejercer su función de elegir a los miembros del TC y al que los caviares, desde el Estado y fuera de él, le inventaron una serie de objeciones en la elección ya estatuida por el propio Reglamento del Congreso y la Constitución, y bajo los cuales fueron elegidos los siete magistrados aún en funciones.

Se alegó “falta de transparencia”, se creó una campaña mediática de grueso calibre y el mismo día de la elección se presentó una “cuestión de confianza” para detener el proceso. Y ¡zaz!, se disolvió el Congreso.

Hoy lo anterior ya no puede ser posible según la Constitución, y no hay nada que impida que el Parlamento elija a los magistrados, pese a la pataleta que ya vienen haciendo los caviares desde sus poderosas trincheras. No faltarán zancadillas en el camino pero en Estados Unidos y aquí, independientemente de quién gane las presidenciales, habrá nuevo juez de por vida en la Corte Suprema y nuevo TC por siete años. Ese será el mejor legado de Trump y de nuestro Congreso.

Foto: Misspolitica.com

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