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Quien a hierro mata…

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Vizcarra nunca dialoga con el Congreso; solo ordena y quiere que este acate ‘chitón’ boca. Como la criada le salió respondona, ahora convoca a un inventado Consejo de Estado –mayoritariamente ‘vizcarrista’– inexistente en la Constitución, para que ponga paños fríos.



La actitud retadora de Martín Vizcarra con el Congreso, amenazando al primer poder del Estado con un referéndum si no reformaba el artículo sobre la inmunidad parlamentaria al gusto del gobernante de facto, causó gran revuelo y enfrentamiento político.
Pero el Congreso, más precario que el anterior (previo a que PPK-Vizcarra y el Tribunal Constitucional lo pervirtieran), le dio su vuelto. De un plumazo eliminó la inmunidad de altos funcionarios. Saltaron todos, el Ejecutivo y los afectados. Vizcarra habló de afrenta a la Constitución. Vaya cuajo; disolvió el Congreso con galimatías de “denegación de la confianza fáctica” y cuatro miembros del TC ‘santificaron’ el golpe de Estado.

El mandatario nunca dialoga con el Congreso. Solo ordena y quiere que este acate ‘chitón’ boca. Como la criada le salió respondona ahora convoca a un inventado Consejo de Estado –mayoritariamente ‘vizcarrista’– inexistente en la Constitución, para que ponga paños fríos.

Como en los gobiernos ineptos, Vizcarra es un adicto al poder absoluto y dictatorial. ¿Para qué quiere más? Se afirma que su popularidad es su manía y actúa en función de esta. Bastaría que hiciera las cosas medianamente bien y con la prensa claqueta a su servicio obtendría aceptación popular. Un imposible.

Para lo inmediato, el desaguisado creado es un psicosocial que busca ocultar el desalmado manejo del coronavirus. Ha hecho una mazamorra de cifras, miente sobre la carencia de oxígeno y la escasez de camas UCI. La guerrita contra las clínicas finalizó y fue inútil. No responde a la evaluación internacional que proyecta 45 mil muertos para agosto y un contagio mayor al de su dudoso registro.
Lo ha logrado parcialmente. Los medios no presentan la realidad hospitalaria, tocan cada vez menos el peligro del transporte público. Aunque se anuncia entrega de dinero hasta para las piedras, todo es humo. La población lo sabe, no le cree porque sufre la pandemia.

Vizcarra ya no puede quedarse, está desgastado, quiere irse bien. Léase sin problemas judiciales que lo metan en la cárcel, además de entregarle el control de la justicia a Odrebrecht. Para eso cuenta con la complacencia del grupo periodístico vinculado a la empresa corrupta. Súmele los casos Swing, ‘cuñadísimo’, Miriam Morales.

No pudieron embarrar al fiscal Gonzalo Chávarry con una enésima acusación constitucional en el Congreso. Insistieron y lograron una nueva investigación. La Suprema archivó un caso contra Chávarry. Presta y rauda la presidenta de una sala suprema (hermana de la ministra de Producción) lo reabre arbitrariamente.

También se quieren ‘chifar’ al fiscal supremo Tomás Galvez. La Junta Nacional de Justicia, altamente proclive al régimen, lo evalúa por unos audios ‘Cuellos Blancos’, ¡pero no están en el expediente! Vaya debido proceso. Muy probablemente sacará –con malas artes– a Chávarry y a Gálvez del juego. Vizcarra tendrá total control de los poderes del Estado.

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