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Que Kenji siga vendiendo plátanos

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Resulta simbólico que en la última mesa directiva del disuelto congreso por el dictador ocupe una de las vicepresidencias Marvin Palma, flamante miembro del partido de Kenji Fujimori. Si de responsabilidades políticas se trata, su partido no puede lavarse las manos. 



Kenji Fujimori reapareció para pescar a río revuelto, Soltó, para variar, una pachotada a las que nos tiene acostumbrados. Dijo que Fuerza Popular –el partido liderado por su hermana Keiko (presa política)– había retrotraído al Perú 27 años en el pasado, cuando su padre, Alberto Fujimori, disolvió el Congreso el 5 de abril de 1992.

No tiene ni punto de comparación lo dicho por Kenji Fujimori. El Perú de hace 27 años era un país inviable, caótico y mortífero. Durante toda la década de los 80 del siglo XX, Sendero Luminoso, un movimiento terrorista maoísta causó más de 30 mil muertos dejando al Perú al borde de la disolución política y moral. La economía estaba por los suelos, quebrada y sin remedio. Nadie le prestaba al Perú un mango y nuestro país le debía a todo el mundo. Las empresas públicas de la época de Velasco succionaban todo el PBI y la hiperinflación licuó los ahorros de todos los peruanos.

¿El Perú de 1992 es el Perú del 2019? Según el FMI el Perú es el segundo país que más crecerá en la región; la economía es una de las más sólidas de América Latina; la moneda es estable; y la inversión, si bien está a la espera de los acontecimientos políticos, no tiene visos de desaparecer como hace 27 años atrás. En síntesis, lo que dice Kenji Fujimori es una estupidez del tamaño de un plátano frito. Ni siquiera hay caos político que pueda compararse al que hubo en los 80 y principios de los 90, con huelgas por doquier y líderes políticos y sociales asesinados.

Para ser francos tanto el gobierno de PPK, pero más aún el de Martín Vizcarra, tuvieron el apoyo del Congreso a través de cuestiones de confianza, facultades delegadas, leyes de presupuesto, reformas políticas y electorales por lo que el mito del obstruccionismo político es eso: un mito (calado en la opinión pública a fuerza de repetirlo constantemente por los caviares diseminados en todos los medios de comunicación). Digo más: el Congreso fue demasiado contemplativo para darle todo lo que el dictador en ciernes pedía, sin cautelar que ese tipo de personajes de talante autoritario siempre buscará cualquier pretexto para seguir pidiendo más, como en efecto ocurrió. Así pues, de nada sirvió que Fuerza Popular como mayoría en el Congreso le siguiera dando a Vizcarra lo que pedía, aunque para salvar la cara le cambiara algún punto o un par de comas.

De tal modo que la clase política y el Congreso no tienen nada que ver con la gestión del gobierno y el clima político y económico está a años luz de distancia que en abril de 1992. Pregunta: ¿algo justificaba el golpe de Vizcarra? Nada, excepto que la mayoría en el Congreso luego de 27 años volvía a ser fujimorista. De eso siempre se trató todo.

Por último, resulta simbólico que en la última mesa directiva del Congreso disuelto por el dictador ocupe una de las vicepresidencias Marvin Palma, flamante miembro del partido de Kenji Fujimori. Si de responsabilidades políticas se trata, su partido no puede lavarse ahora las manos. Mejor que Kenji siga vendiendo plátanos.

Imagen: Tomada de UCI Noticias

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