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¡Qué bello es vivir!

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Pregunto: ¿el señor Diego Chirinos, que le hizo la entrevista en El Comercio a Pablo Sánchez, tiene algún parentesco con el señor Freddy Chirinos de CHISAC? ¿El señor Sablich (su coentrevistador) tuvo algún palpito como para preguntarle al respecto? ¿Y el director no tenía nada de qué enterarse? ¿No se le ocurrió? ¿Lo sorprendieron?



El exfiscal de la nación le pide el 21 de julio al fiscal de la nación designado que no asuma el cargo por los audios en los que se lo mencionaba por parte del cuestionado juez supremo Hinostroza sobre un tema que aludía al arreglo de una reunión con periodistas para mejorar su imagen. Pablo Sánchez dijo esto en entrevista para El Comercio por los periodistas Diego Chirinos y Erick Sablich Carpio, y bajo la dirección de Juan José Garrido.

Luego el señor Chávarry negó el asunto para tener que admitirlo después. No hay ningún pecado en reunirse con periodistas para explicarles la agenda de trabajo de la fiscalía, por lo que fue muy tonto negarla. Sin duda, Chávarry fue objeto de una celada en la que se pretendía que pisara el palito luego de que Hinostroza había quedado como palo de gallinero tras varios días de audios que aún no dejan de salir. Y lo pisó. La mentira de Chávarry es entonces comprensible. Se tocó de nervios en vísperas de su asunción por lo que esa falta debe verse en ese contexto y no en el maximalismo que estrena el flamante cardenal Barreto, ávido por sermonear fuera del púlpito a los poderes civiles, asunto que no le compete como a ninguna autoridad civil le compete criticar a los funcionarios del Estado Vaticano. Pero ese no es hoy el tema hoy.

Lo sabroso –y vaya que esa palabra cae de perillas sobre este asunto de la reunión con periodistas– es que Pablo Sánchez hizo exactamente lo mismo que Chávarry, a saber, una reunión con la prensa para explicarles, según él, su caso de acusación constitucional en el Congreso presentada por Yeni Vilcatoma y Daniel Salaverry por inconducta funcional en el caso Lava Jato.

Hoy, tras las declaraciones del excéntrico fiscal del caso José Domingo Pérez, sabemos que la acusación constitucional en su contra estaba y está plenamente justificada y no era, como decía la mayoría de periodistas que asistieron al banquete ofrecido por Pablo Sánchez, una arremetida del fujimorismo para desestabilizar el Ministerio Público. Y digo banquete porque lo fue. La única diferencia con el ágape que convocó Chávarry es que mientras este fue gratis y misio, el de Pablo Sánchez le costó al fisco, es decir, al bolsillo de todos los peruanos, más o menos 17 mil soles. Quien se encargó de organizarlo (¿a dedo?) fue la empresa de comunicaciones y relaciones públicas CHISAC, cuyos socios Pedro Salinas y Freddy Chirinos son dos periodistas muy bien relacionados y conocido, uno de ellos, por destapar escándalos de pedofilia y abusos sexuales en la Iglesia Católica.

Digamos que ese es el filón de proyección social y ético personal de uno de los socios de CHISAC (¡en buena hora!), porque Chirinos es la cara visible del negocio. ¡Y vaya qué negocio! Digamos que Salinas llama a sus amigos periodistas –todos del mismo espectro caviar más algunas malaguas– y les dice que el fiscal de la nación Pablo Sánchez los está invitando a un almuerzo en el que les quiere explicar su situación personal sobre la acusación constitucional en su contra. Digo situación personal porque el único fiscal supremo con esa espada sobre la cabeza es él.

El costo de las llamadas a 20 colegas será aproximadamente de… ¿50 soles? ¿100? El tiempo utilizado para llamarlos habrá sido de… ¿una hora? El media training a Pablo Sánchez (si lo hubo) habrá durado… ¿dos horas? Y entonces, ¡plaf!, todos nosotros le pagamos a CHISAC 17 mil soles por ayudar a Pablo Sánchez a comer con sus invitados a costa del Estado el banquete de las ostras, más o menos como ese deslumbrante óleo dieciochesco de Jean Francois de Troy, Le Déjeuner d’ huitres, en el que el pintor ponía en evidencia lo que se conoce como la “joie de vivre”, es decir… ¡la alegría de vivir!

Por supuesto que aquí no estamos diciendo que los periodistas, siempre solícitos a ir a cualquier banquete gratuito y a cuánto viaje se presente (con pareja incluida) auspiciado por algunas embajadas que quieren promover sus relaciones públicas con viajes culturales y programas de capacitación política –la de Marruecos es la más activa en Lima–, tengan “culpa” de nada. Eso sí, habría que ver cuántos de esos periodistas que asistieron, terminaron laudando a Pablo Sánchez y despotricando contra el fujimorismo, Salaverry y Vilcatoma luego del pantagruélico almuerzo (sin duda, quiero pensar, convencidos del speech que CHISAC le preparó al lacónico y monótono Sánchez).

Cuando este portal destapó el banquete de los 17 mil soles, que yo sepa nadie ha levantado la manita para decir yo fui, y solo uno –Pedro Tenorio dijo yo no fui pero me invitaron (bien por él)–. Por eso no entiendo tampoco el bululú que le han hecho a Aldo Mariátegui por haberse reunido a almorzar a solicitud de un tercero con un juez supremo que, en tanto personaje público es digno de interés periodístico, y del cual el periodista no tenía por qué saber en que malos pasos andaba. Por eso también me parece digno de una ostra que le reclamen por qué no dijo nada de la reunión después de haberse destapado el escándalo de Hinostroza, cuando nadie le reclama a los del banquete de Pablo Sánchez con fondos públicos que levante la manita para decir yo fui.

Tal vez CHISCAC haya cobrado esa suma al tesoro público no por el tiempo de su trabajo en llamadas telefónicas y media training, sino por el valor de sus conexiones. Pero yo tengo las mismas que ellos y a mí nadie me paga 17 mil soles por invitar a mis amigos a un almuerzo que yo ni siquiera voy a pagar. Tampoco tengo la suerte de facturar 1 millón de soles por consultorías al Estado. Pues no, esa suerte no es la mía. ¿Será la de CHISAC?

Hace unas horas he escuchado a Pedro Salinas aclarar ante Nicolás Lúcar que su empresa no se dedica al lobby sino a las comunicaciones, a asesorar a empresas que en su mayoría tienen problemas de imagen, a elaborar contenidos para colocarlos en los medios y así. Pregunto: ¿el señor Diego Chirinos, que le hizo la entrevista en El Comercio a Pablo Sánchez, tiene algún parentesco con el señor Freddy Chirinos? ¿El señor Sablich –su coentrevistador– tuvo algún pálpito como para preguntarle al respecto? ¿Y de haber sido cierto algún parentesco, no sabía Sablich que CHISAC fue cliente de su entrevistado? ¿Y el director no tenía nada de qué enterarse? ¿No se le ocurrió? ¿Lo sorprendieron? ¿O en realidad a otra cosa mariposa y fin de la novela CHISAC?

Va quedando claro que las autoridades del Estado no tienen por qué pasar por esas compañías de comunicaciones, imagen y relaciones públicas porque a la larga les traerán más problemas que beneficios (¿cómo ha quedado la credibilidad del “impoluto” Pablo Sánchez?). Reunir a un grupo de periodistas no es nada difícil teniendo en cuenta que siempre asistirán al llamado de un ministro, un congresista o alguna autoridad fiscal o judicial por la sencilla razón de que los necesitan para obtener información. Que a algunos periodistas también les guste la mermelada con ostras es otra cosa, pero para eso está vigente la ley Mulder.

La moraleja de este caso entre empresas de comunicaciones y periodistas y autoridades es la misma que la de PPK con la puerta giratoria y la misma de Hinostroza y Camayo con eso de “un favorcito, hermanito”. La diferencia es que unos pueden darse el lujo de almorzar conchas más grandes que otras y señalar a los que las comen pequeñas.

ACLARACIÓN: Una hora y media después de la publicación de este artículo, el señor Freddy Chirinos se comunicó para manifestarme que él no tuvo arte ni parte en la organización del almuerzo con periodistas reseñado arriba, el cual fue gestionado únicamente por su socio Pedro Salinas. También enfatizó no haber tenido relación alguna con jueces ni fiscales.

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