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Pus en la Fiscalía

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El mensaje de PPK a Barata es bien claro: "No te crees más problemas, cuida tu plata y no hables de mí porque yo controlo la Fiscalía".



Quienes estaban esperando el 27 y 28 de febrero para que Jorge Barata cante todo lo que sabe y confirme o desmienta o precise o aclare lo dicho por Marcelo Odebrecht sobre Pedro Pablo Kuzcynski, Alan García, Keiko Fujimori y Ollanta Humala se quedarán esperando sentados en lo que toca al actor más importante de la megacorrupción de Odebrecht, a saber: el del jefe del Estado. Así lo confirmó en una entrevista al diario Gestión el fiscal Rafael Vela, coordinador de la Fiscalía de Lavado de Activos.

En efecto, ninguno de los dos fiscales que interrogará a Barata en Brasil le hará una sola pregunta sobre los negocios disfrazados de “asesorías” de PPK cuando ministro de Economía y primer ministro, a través de Westfield Capital, First Capital y el Banco de Crédito, con la mafia de Odebrecht en el Perú y sobre la abundante documentación que ha salido del caso. Y esto porque, según Rafael Vela, los casos por los que Barata será interrogado solo corresponden al de financiamiento de campañas electorales de Keiko Fujimori y Ollanta Humala, más no así a los que lleva el “fiscal” Hamilton Castro, que “lidera” el “equipo especial” de fiscales para que se aboque a las investigaciones vinculadas con delitos de corrupción de funcionarios y conexos”.

Requerido Vela para que diga si Hamilton Castro ha enviado algún cuestionario para que sus colegas interroguen a Barata sobre PPK, la respuesta ha sido un lacónico NO. Tampoco ha permitido el Ministerio Público que el Congreso, a través de la Comisión Lava Jato, le haga llegar un cuestionario para que los dos fiscales lo incorporen a su pliego de preguntas en la única ocasión programada por la cooperación internacional para que Barata hable como aspirante a colaborador eficaz.

Lo que acaba de suceder aquí es la asquerosa demostración de un contubernio entre el fiscal de la nación, Pablo Sánchez, y el gobierno de turno para librar a PPK (y a una pandilla de izquierda: Villarán, Prado, Castro y muchos más) de las acusaciones sobre sus inconductas como funcionario público, callando al principal testigo a fuerza de no preguntarle absolutamente nada sobre PPK y sus negocios con Odebrecht. Porque a Hamilton Castro lo designó directamente Pablo Sánchez, quien le dio el “encargo”.

El mismo Pablo Sánchez que, con el cuento chino de que los fiscales son autónomos en la letra cuando a él le conviene, permitía sin inmutarse que se encarpetaran durante meses los casos de una serie de personajes como los de la administración Villarán, que hoy se pasean por plazas y calles muy sueltos de huesos pese a la clamorosa evidencia de cuentas offshore y otras perlas.

Fue precisamente la indignación por el sesgo de Pablo Sánchez a favor de determinados “investigados” por corrupción que llevó a la mayoría del Congreso a apretarle las clavijas con una acusación constitucional para destituirlo, lo que generó la reacción furibunda de todos los amigos de los corruptos de la izquierda caviar alegando un “golpe de Estado contra la democracia” (de su argolla) y la independencia de poderes (infiltrados a todo nivel por su cofradía). Recién cuando estaba a punto de perder la cabeza fue que Pablo Sánchez empezó a hacer el número de perseguidor del crimen, pero no tanto como para pedir la cárcel, ni, en realidad, ningún tipo de rigor sobre sus protegidos. Desde ahí,  ya era obvio que Sánchez jugaba contra los adversarios del gobierno y se hacía el de la vista gorda con todos aquellos que eran compañeros de viaje de PPK en la medida que tenían el mismo enemigo: Keiko Fujimori.

Pero las cosas cambiaron cuando Marcelo Odebrecht, sin que le preguntaran nada (como es costumbre de una fiscalía a la medida del gobierno), abrió la boca en presencia de los representantes del Ministerio Público y soltó, “motu proprio”, las cuchipandas del hoy presidente que, al igual que Sánchez, casi pierde la cabeza.

Ahora los dos están dirigiendo el mismo barco de la impunidad, persiguiendo a sus adversarios y callando al testigo clave hasta las calendas griegas. Y el mensaje de PPK a Barata es claro: “No te crees más problemas ni hables de mí porque yo controlo la Fiscalía”.

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