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Prohibido pensar

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Pareciera que las universidades se han convertido en policías de facto que capturan y sojuzgan la libertad de expresión, y lavan el cerebro de nuestras nuevas generaciones.



En este escenario de odio universal en el que se ha convertido el Perú, donde todos señalamos con el dedo al vecino sin mirar nuestra propia negrura, tenemos que encontrar soluciones para salir del despeñadero. Existe casi unanimidad en que la gran apuesta son las nuevas generaciones. Por ello necesitamos llevar a cabo un censo exclusivamente dedicado a los jóvenes respecto de sus posibilidades de acceso a la educación pero, aún más importante, volcar todos nuestros esfuerzos en la calidad educativa. ¿De qué sirven los diplomas y medallitas si no hay real conocimiento, en su sentido amplio?

Algunas reflexiones:

1- Somos el país de Sudamérica con más universidades después de Brasil (cuya extensión de territorio y población es ocho veces la del Perú) y, sin embargo, el debate y la exposición de las ideas es inversamente proporcional a su número. Esta es una terrible verdad.

2- Acompañé a Aldo Mariategui en la generosa tarea de regalar su libro “El Octavo Ensayo” en el Cusco, apoyado por un grupo de ilustres cusqueños denominado “Latinoamérica Libre”. Tuvo la oportunidad de presentarlo en diversos foros, siendo el más concurrido el de la Facultad de Economía de la Universidad San Antonio de Abad. Quedo clarísimo el pensamiento sesgado de los profesores de esta universidad: durante la rueda de preguntas uno de los estudiantes increpó a la plana docente su falta de apertura y pluralidad de juicio. Otros reclamaban bibliotecas y acceso al conocimiento integral.

La disertación de Mariátegui estuvo estupenda y, en apenas noventa minutos, hizo añicos muchos mitos locales con los que estos jóvenes habían convivido por años. Les rompió esa urna de cristal construida a base de mentiras y de secuestro del intelecto.

3- Mariategui fue vetado en la Universidad Andina, entidad privada que se publicita como “una casa de estudios dedicada a la formación de profesionales integrales, competitivos y con calidad humana para contribuir al desarrollo de la sociedad”. Esta censura fue una clara demostración de que ciertas universidades (cada vez en mayor número) solo difunden lo que ellas denominan el pensamiento “políticamente correcto”. Olvidan que los espacios naturales de intercambio de ideas como las universidades siempre han sido campo fértil para la incorrección, para el desafío de conceptos preconcebidos y para el juego del lenguaje.

En todo el mundo las universidades se han vuelto sectarias y argolleras; y, desafortunadamente, el Perú no es ajeno a esta deplorable realidad. Varias universidades peruanas se han acomodado –plácida y rentablemente– a esta cuestionable corriente mundial.

4- En nuestro país no hay un crimen del pensamiento (como aquel descrito por George Orwell en su magistral obra 1984). No obstante, pareciera que estos centros de estudios se han convertido en policías de facto que capturan y sojuzgan la libertad de expresión, y lavan el cerebro de nuestras nuevas generaciones.

Están minando nuestro futuro. No podemos dar la espalda a esta penosa realidad.

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