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Opinión

Presidencia a la chilena

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De cómo el manejo de un escándalo político allá nos parece de ciencia ficción acá.



Esta es una noticia política que, en el Perú, sería una nota de ciencia ficción: exactamente una semana ha durado el escándalo más serio que ha tenido que encarar Michell Bachelet desde que inició su segundo periodo como presidenta de Chile. El viernes 6, la revista Qué Pasa denunció que en noviembre de 2013 una empresa de la que la nuera de Bachelet era copropietaria, había recibido un préstamo bancario de US$10 millones. El hecho no hubiera tenido nada de sospechoso si no fuera porque el crédito le fue otorgado al día siguiente de que Bachelet ganara las elecciones y tras intentar la nuera, sin fortuna, el mismo negocio con otros bancos. Además, se reveló que Sebastián Dávalos, hijo de la mandataria, había acompañado a su esposa a la cita decisiva con el Banco de Chile, una de las instituciones privadas más poderosas del país. ¿Tráfico de influencias, se dijo?

Lo cierto es que, pese a que la propia Superintendencia de Banca chilena investigó con rapidez y descartó cualquier ilícito, la situación era indecorosa y golpeaba políticamente al régimen. Qué ocurrió entonces: ¿Bachelet defendió a hijo y nuera a capa y espada, contraatacando a los críticos? ¿Sus aliados en el Congreso le dieron largas al asunto? ¿Archivo sumario y pasamos a otros temas?

Nada de eso: el viernes 13 Dávalos presentó su renuncia al cargo oficial que desempeñaba en la gerencia de asuntos sociales de la presidencia y se disculpó públicamente, negando delito pero lamentando “haber dañado la presidencia de la República y al gobierno de Chile”.

Así es. Porque a diferencia de aquí, donde muchos parecen olvidarlo, en Chile hay una institución fundamental —la presidencia de la república— que no soporta mancha de duda y menos ser menoscabada. Aquí, me temo, muchos seguirían campantes, convencidos, como dice el recordado tango de Discépolo, de que no pasa nada porque, en el Perú, “el que no llora no mama y el que no afana (roba) es un gil”.

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