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PRENSXIT: la derrota de la prensa

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Quienes no tienen ninguna responsabilidad de gobierno ni de Estado no deben hacer de gobernantes ni de estadistas. Menos aún pretender marcar la agenda política a través de una posición casi monopólica de la opinión y expresión de los medios de prensa.



La mayoría de los medios de prensa se jugó por el defenestrado exministro de Educación Jaime Saavedra. Esta misma mayoría mediática fustigó desde sus pantallas de televisión, programas radiales, redes sociales y primeras planas de papel periódico a la mayoría parlamentaria elegida por el pueblo: primero por la interpelación del ministro y, luego, por su censura.

Incluso, medios de prensa extranjeros de gran prestigio sacaron sendos artículos a favor del exministro empleando como fuente a sus corresponsales en el Perú, todos o casi todos periodistas con una clara posición antifujimorista o antiaprista antes que pro Saavedra (basta leer lo que escriben aquí para saber qué cosa escriben para el extranjero).

Desde el diario El Comercio, el editor central de Opinión escribió esta semana un artículo en el que deploraba en las críticas que la mayoría parlamentaria hizo a la prensa sobre su posición casi unánime a favor del exministro, que se generalizara una suerte de contubernio mediático. El señor de marras exigía en su columna que se especificara con nombre y apellido quiénes habían recibido la “mermelada” y sostenía un esbozo de preocupación de que la actitud de la mayoría parlamentaria fuera a desembocar en algún momento contra la libertad de prensa, expresión y opinión.

Decía el mismo señor que los parlamentarios de Fuerza Popular habrían encontrado en el éxito electoral de Donald Trump un nuevo modelo a seguir, insultando a los medios y mintiendo sin rubor, olvidando convenientemente que la casi totalidad de los medios de prensa americanos tomaron partido por la señora Clinton, sesgando la información contra su rival (¿en qué consiste sino en mentir?), y como si esta no hubiera conspirado con los jerarcas de su propio partido contra Bernie Sanders, en un hecho puesto al fresco por los wikileaks.

En realidad, no se necesita recibir ninguna “mermelada” para cobrar cabal consciencia de que existe, a través de la “ideología” de los hombres de prensa, ese contubernio tácito. No es que creamos, con tantos años en este oficio, las teorías de la conspiración que pretenden una suerte de gran coordinación entre los medios contra alguien o a favor de algo. No es necesario. Lo que basta y sobra es que los directores, jefes de redacción, jefes de política y líderes de opinión de los principales medios tengan CASI TODOS el mismo enfoque ideológico que corresponde a una determinada forma de ver la vida.

Esto —y no el negocio— es lo que produce la concentración —no de medios— sino de opiniones en una sola dirección. De más está decir que ello es fatal para el periodismo, la prensa y la libertad.

Cuando, por ejemplo, el exrector de la Pontificia Universidad Católica Salomón Lerner pretende decir que no existe “ideología de género” porque “la organización del poder, la determinación de “roles” y la asignación de espacios sociales a los varones y a las mujeres no procede de un hecho biológico; se trata de configuraciones de orden cultural, que pueden ser injustas y propiciar formas de exclusión”, desbarata su propia tesis y, por el contrario, demuestra que lo que a él no le parece ideología (es decir, su postura) lo es. Y ese es el problema fundamental, a saber: no darse cuenta o negar que “las configuraciones de orden cultural”, los conceptos de “justicia” y de “exclusión” son todos fenómenos ideológicos, tal como lo son la “globalización”, el “libre mercado” y la “corrección política” que engloba una serie de lugares comunes de cómo percibir y sentir el mundo.

En otras palabras, si los espacios de expresión pública son dominados —independientemente de la propiedad de los medios— por militantes o “activistas” ideológicos (matices más o menos, sobre todo en cuestiones económicas), entonces la libertad de expresión y de opinión se convierte en una farsa donde prima la ley del más fuerte, esto es, la de la ideología dominante. Es por ello que no se necesita de ningún “complot” para que la opinión mediática termine convirtiéndose en una sola: la “correcta”.

Es una suerte para la cultura de la libertad que ese monopolio ideológico esté por terminar y, por tanto, que la agenda política en el ámbito mundial deje de estar en manos de los medios de prensa. Tiene razón el editor central de Opinión de El Comercio cuando malicia como “enemigo” a Donald Trump. Lo cierto es que con Trump la prensa no pudo marcar su agenda ideológica, con las implicancias mundiales que esto conlleva. En otras palabras, Trump demostró que no se necesita de la prensa para hacer política, sobre todo aquella política hecha por la prensa que no tiene correlato con las urnas ni con la voluntad popular.

Esto está pasando en el Perú con el caso del exministro Saavedra que, sin duda, es un parteaguas. No solo fue interpelado sino censurado, pese al clamor en contra de casi todos los medios mayoritariamente antifujimoristas. Tampoco se planteó una cuestión de confianza por el exministro, como presionaba una larga lista de líderes de opinión y activistas de papel periódico. Menos aún se designó como ministro de Educación en su reemplazo al general Mora, a quien diversos periodistas de medios muy influyentes dieron amplias tribunas lanzando su candidatura desde el Twitter (¡”Todavía no llaman a Mora”!). También fracasó el intento de oponerse a la cumbre entre PPK y Keiko Fujimori, que tuvo como anfitrión al cardenal Cipriani, por los mismos antifujimoristas que acaparan los medios.

Quienes no tienen ninguna responsabilidad de gobierno ni de Estado no deben hacer de gobernantes ni de estadistas. Menos aún pretender marcar la agenda política con una posición dominante o casi monopólica de una ideología, a través de la opinión y la expresión en los medios de prensa. Roto ese predominio en el mundo, no tardará en romperse aquí también. En buena hora porque ello augura que el marchito árbol de la libertad volverá a florecer.

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