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PPK y las urgencias de La Oroya

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Mientras se discute la delegación de facultades, el asombro y las críticas cunden ante un presidente electo que no se reserva en sus intervenciones.



El presidente electo pidió al Congreso darle oxígeno al complejo de La Oroya, y a los trabajadores y a la población les propuso que lo acompañen para solicitar al Legislativo la prórroga de un año que permita su venta y reactivación.

¿Una marcha al Congreso con la participación del presidente electo? Mientras se discute la delegación de facultades, el asombro y las críticas cunden ante un PPK que innova y mueve fichas, que se aleja de la imagen tradicional del gobernante que se cuida y reserva sus intervenciones al máximo nivel. La sinceridad y la espontaneidad no han sido características de quien personifica a la nación.

PPK apuesta por la prórroga de la liquidación y demuestra su afán por responder a las angustias de miles de familias que esperan solución a su subsistencia en peligro. Ha asegurado que de serlo la marcha no será violenta ni de confrontación. “Hagamos una marcha al Congreso y pidamos; no dejes morir a La Oroya porque está en tus manos y también está en mis manos… La Oroya está agonizando, debemos darle oxígeno con inversiones”. No es ninguna amenaza, es un discurso sensible que más que crítica debería motivar apoyo para que no se recurra a gestos extremos.

Preocupa a los políticos tradicionales que PPK no será un gobernante convencional; su gesto controversial sobre el problema de La Oroya centra el tema como prioridad y apela a todos los recursos posibles. Una marcha no lo soluciona pero exige la solución y demuestra la urgencia de atenderlo, de sacarlo de la postergación ante el vencimiento inminente de todos los plazos.

La medida no sería la única: deberá complementarse con los diálogos. Conversar con los responsables de la liquidación de los activos de Doe Run Perú y buscar inversionistas interesados y llevarlos al sitio. Y, por supuesto, dialogar con la mayoría fujimorista para que atienda la marcha pacífica como legítimo mensaje, como gesto protagónico de las calles para encontrar la solución larga y abusivamente demorada.

Hay urgencia por activar el Complejo Metalúrgico y no hay más tiempo. La respuesta positiva sería que el Congreso asumiera el pedido y buscara la solución. Y que la voluntad del presidente se impusiera también sobre la Junta de Acreedores en manos del Estado para prorrogar la liquidación.

Bien entendido, no hay confrontación de poderes; es la demostración de urgencia. Si la espera viene desde el 2008, con dos gobiernos que no han afrontado la situación, el gesto de PPK pone énfasis en la angustia social. Ni desliz ni inexperiencia. Sabe lo que está haciendo.

Queda esperar si la marcha se cumple o no y de hacerse que sea sin violencia. Que la empresa Doe Run responda con el cumplimiento de las leyes medioambientales para que no contamine. Y que en el fujimorismo se entienda la urgencia y el gesto no sea pretexto para que, desde la confrontación atribuida, la mayoría parlamentaria deniegue las facultades que PPK requiere para comenzar su mandato.

El pueblo observa y vigila a todas las partes involucradas.

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