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PPK, Toledo y Santos: realidades intercambiables

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El Perú tiene muchísimos problemas, pero el más grave es permitir que los corruptos sigan jugando con la justicia. Al igual que pasa con el resto de Latinoamérica, aquí parece que aún no nos independizamos.



“Con la corrupción, señor Rajoy, el pasado es mañana”, escribió Teodoro León Gross en su columna de opinión del martes 13 para el diario español El País, en referencia a las declaraciones del ministro de Justicia, Rafael Catalá, sobre que los financiamientos ilegales de las campañas del 2007 y el 2011 por parte del Partido Popular son cosa del pasado. Según el referido columnista, el PP utiliza todos los recursos posibles para entorpecer la acción de la justicia, extendiendo los plazos ad infinitum, dilatando recursos, utilizando argucias procesales e incluso recurriendo al bloqueo (tackling) judicial.

¿Nos parece conocido? Por supuesto: son lugares comunes, realidades intercambiables, vestigios culturales de nuestra Madre Patria de los que no hemos podido escapar. Decía Montesquieu que “los malos ejemplos son mas dañinos que los crímenes”. Para muestra, tres ejemplos locales que están siguiendo el mismo camino del jugueteo judicial:

1- PPK ha expresado que no se presentará ante la Comisión Lava Jato sino hasta que se conozcan las declaraciones de Jorge Barata, previstas para el 27 y 28 de febrero próximo. Sin embargo, parece que la versión oficial —si se actúa con inusual diligencia— recién se conocería un mes más tarde. Es evidente que el presidente se refiere a esta última fecha, vale decir, cuando exista absoluta certeza del contenido de las delaciones (digamos que, con suerte, algún día de abril). Bien hace la congresista Beteta en sospechar que PPK no tiene la más mínima intención de declarar ante la Comisión Lava Jato. Es un hombre “recurseado” y siempre encontrará alguna buena coartada para no enfrentar su responsabilidad.

¿Y si se le requiere de grado o fuerza? Es imposible por su condición de presidente de la república. ¿Este pequeño detalle es una maña procesal de PPK? ¿Una medida dilatoria? ¿Un abuso de sus prerrogativas? El solo hecho de condicionar su asistencia a la declaración de Barata ya lo es; no se trata de un mes más ni de un mes menos, sino de cumplir con el objetivo supremo de frustrar las investigaciones de la Comisión Lava Jato.

El miedo e incredulidad del presidente se traducen en negacionismo: temor porque se sabe culpable y siente que el oxígeno se le está acabando, y asombro porque el Perú siempre había sido el reino de la impunidad. Fue una cancha libre para los negociados tanto públicos como privados desde el MEF o cualquier cartera atractiva y con presupuesto.

Gracias a Brasil y al Departamento de Justicia estadounidense hoy vivimos otra realidad. Y él no estaba preparado; simplemente lo tomaron por sorpresa. Tan es así, que durante la campaña presidencial del 2016 tuvo el cinismo de autoproclamarse el candidato más honesto, el líder de la lucha contra la corrupción. Hoy, ya presidente de todos los peruanos, lamentablemente viene recorriendo el mismo camino fangoso y desastrado que sus venales “acusados” y pretende no darse por enterado. Habría que recordarle que no hay plazo que no se cumpla ni deuda que no se pague…aunque nuestro país siempre es la excepción que confirma varias reglas.

2- El caso de Toledo es absolutamente patético y, desafortunadamente, ha perdido mayor visibilidad. Casi nos hemos resignado a su buena suerte. Hace unos días el famoso Richard Concepción Carhuancho solicitó a la Fiscalía (imaginamos que por milésima vez) hacer unas precisiones al expediente de extradición, que no tiene cuando concluirse y elevarse a la Corte Suprema. Cual Penélope, tejiendo y destejiendo en la espera de Odiseo, este juez carcelero absolutamente impermeable a las críticas sigue buscando pretextos para ganar tiempo y evitar la extradición. Que buen aliado, señor Toledo, ¡ni que lo hubiera mandado a hacer!

3- Hay cándidos que todavía confían en que la justicia será presurosa con Gregorio Santos y que el fallo se emitirá en el mes de junio próximo. Existe abundante evidencia que acredita que Santos lideró una red delictiva que involucra a otros 46 acusados por beneficiarse en forma ilícita de doce licitaciones de obras públicas. Fue liberado en julio de 2017, luego de cumplir 25 meses de prisión preventiva, y desde entonces se pasea por el país haciendo nefasto proselitismo y convocando a dizque “líderes políticos” de la talla de Vladimir Cerrón y Walter Aduviri: el primero, exgobernador de Junín vinculado a la red Orellana y el segundo, condenado a siete años de cárcel  por su participación en el “aimarazo”.

Este personaje siniestro y mercantilista no tiene ningún empacho en respaldar a Nicolás Maduro y a su mal llamada “revolución bolivariana”; todo porque —a pesar de la miseria en la que sumen a pueblos como el venezolano— los dictadores siempre tienen caja para mantener entretenidos a sus lisonjeros. Mucha culpa la tienen algunos medios como La República y Diario Uno, que permanentemente lo entrevistan y publicitan avalando sus pretensiones políticas —cuando se trata de un simple felón, un probado enemigo del país—. ¿Por qué los peruanos no tenemos la capacidad de verlo? ¿Por qué nos engañan con tanta facilidad?

El Perú tiene muchísimos problemas, pero el más grave es permitir que los corruptos sigan jugando con la justicia. Al igual que pasa con el resto de Latinoamérica, aquí parece que aún no nos independizamos. Quizás para el Bicentenario…

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