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PPK, ¿es la hora de actuar?

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El manejo del indulto a Fujimori requiere inteligencia, porque de lo que se trata es de garantizar la gobernabilidad.



A veces los problemas más obvios tan obvios que lindan con lo ridículo son los más difíciles de resolver. Un ejemplo al azar: en los años veinte todos sabían que Al Capone no era el ‘vendedor de antigüedades’ que decía su tarjeta de presentación, sino que dirigía la organización criminal más grande de Estados Unidos. Pero el tipo mantenía coartadas legales tan fuertes que solo pudo ser encarcelado por evasión de impuestos, muchos años después. Ahora un ejemplo más cercano: todos sabíamos que Las Malvinas era un monumento a la informalidad que en cualquier momento iba a registrar una tragedia como la del jueves, pero la informalidad siguió reinando hasta que el incendio ocurrió.

Así de claro, así de evidente y así de ridículo es lo que está pasando en el escenario político nacional. Todos sabemos que al fujimorismo no le interesa la gobernabilidad del país, sino que su objetivo es quitarle poder al gobierno mediante sucesivos golpes políticos (ya dejémonos de tonterías: todos sabemos que ese es el camino trazado, estemos o no de acuerdo con él).

El gobierno, sin embargo, ha desperdiciado el último año dejando caer ministros y apenas “lamentando” las decisiones del Parlamento. ¿Pues ya basta, no? Los problemas del país la informalidad, por ejemplo, que no solo reina en Las Malvinas son muy grandes para desperdiciar tiempo en estas pugnas políticas inútiles.

El jueves del incendio, Keiko Fujimori le dijo en un tuit a PPK que ya “llegó la hora de actuar”; y es cierto, para el presidente la hora de actuar apremia. Pero aquí el detalle: debe hacerlo con mucha inteligencia política (virtud de la que carece). El camino amigable con el fujimorismo ya no es una posibilidad: una negociación con quien abusa de su posición de poder no puede pasar de ser la aceptación de una derrota. Descartada esa opción, como escribí la semana pasada, al gobierno le queda el ataque frontal (la cuestión de confianza por todo el gabinete) o el ‘divide y vencerás’ (aprovechar las fisuras de la bancada fujimorista para terminar de partirla). No obstante, lejos de la vergonzosa censura a Jaime Saavedra, la cuestión de confianza aparece cada vez más como una movida insegura.

En el camino de la división, como también escribí, el indulto a Alberto Fujimori podría tener un peso gravitante. Sería el precio a pagar para terminar de escindir al bloque albertista, descontento con Keiko y el manejo tras bambalinas de Ana Vega y Pier Figari. Aquí, sin embargo, es donde debe recordarse el detalle: “actuar” implica actuar con inteligencia. El estratega militar chino Sun Tzu escribió que “la victoria está reservada para aquellos dispuestos a pagar su precio”, pero también escribió que “el combatiente inteligente impone su voluntad en su enemigo, pero no permite que la voluntad de su enemigo le sea impuesta”.

El indulto de un presidente criminal es una vergüenza histórica para el país y una derrota moral para gran parte de este que solo se justifica si le permite al Ejecutivo recuperar su capacidad para actuar en beneficio de la gente. Lo peor que podría pasarle al Perú es que el indulto termine dándole más poder al fujimorismo y atando aún más de manos al gobierno.

Para tomar la decisión extrema de liberar a Alberto Fujimori, PPK debe estar totalmente seguro de que esta le asegurará el soporte de la facción albertista (que se calcula en alrededor de 22 congresistas). Y el análisis del presidente no se puede sostener, de ninguna manera, solo en los focus groups de sus asesores y en los tuits de Kenji promocionando sus peleas de bancada. Por el contrario, se debe basar en un minucioso trabajo de inteligencia política (en sus dos sentidos, el de investigación encubierta y el de análisis) y en algún tipo de garantía conversada de lealtad. Toda movida de este tipo encarna un riesgo razonable de traición, pero el deber de este gobierno es reducirlo al máximo.

Porque si no, ¿se imaginan que los próximos cuatro años de este país queden en manos de Kenji, como el futuro de Vizcarra quedó en manos del contralor? Eso sí sería el suicidio político del presidente. Si el gobierno es incapaz de garantizar la gobernabilidad a cambio del indulto, es mejor que vaya buscando opciones intermedias.

Eso sí: sea cual sea el camino que tome PPK para recuperar su capacidad de gobernar, debe decidirlo cuanto antes, porque el tiempo de actuar se le acaba. El punto de no retorno, probablemente, sea el 28 de julio.

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