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¿PPK entra en campaña por Hillary?

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Alguien debe explicarle que parte de su nueva chamba es cuidar sus expresiones.



Parece que a Pedro Pablo Kuczynski le gustó tanto la campaña electoral peruana que se quedó con ganas de más. Y decidió entrar a la campaña… ¡de los Estados Unidos!

Debe ser difícil desacostumbrarse a sentirse parte de un determinado país cuando por mucho tiempo uno ha sido parte de él. Eso podría explicar el afán casi automático de participar y opinar. Pero ahora PPK tiene otro presente. Y otras responsabilidades con el país que lo acaba de elegir presidente.

Lo que pudiera pasar como un acto fallido por reminiscencias nacionales, y más allá del lanzamiento de frases que acercara a su casual interlocutor Barack Obama en el camino de la mutua simpatía, cobra ribetes de seriedad de asuntos de Estado al tratarse del virtual presidente constitucional de una república que tiene que guardar las maneras con respecto a la comunidad internacional.

Se aprecia mejor el desliz del comentario de Kuczynski respecto de “uno de los candidatos presidenciales estadounidenses que le preocupan” si recordamos la indignación de muchos peruanos cuando Hugo Chávez expresó abiertamente su deseo de que Ollanta Humala fuera presidente y su evidente incomodidad con Alan García, por entonces competidor junto al nacionalista en la carrera presidencial de 2011.

El virtual presidente no solo debe entender que ya no es “el buen PPK” o “el simpático gringo bonachón” que podía lanzar al viento cualquier cosa que se le ocurra. Eso es para los candidatos, para los comentaristas de política o, incluso, para los congresistas. Pero en el rol de presidente de una nación PPK tiene que tomar conciencia de que sus palabras (o sus silencios) son sujetos de análisis, repetición, referencia, interpretación y hasta de compromisos.

Y lo peor, eventualmente, como cuando decide criticar a un candidato presidencial de Estados Unidos y apoyar implícitamente a su rival, pueden ser palabras con resonancia internacional. Él habla por un país, por un pueblo. Porque personifica a la nación por estipulación constitucional. No debería olvidarlo.

No está demás, en adición a lo anterior, recordar en cuanto a los candidatos presidenciales estadounidenses que tanto una como el otro tienen posibilidades de ser el próximo inquilino de la Casa Blanca. Con cualquiera que la ocupe, el Perú tendrá que trabajar. Y no conviene, de ninguna manera, generarse anticuerpos innecesarios y gratuitos que pueden afectar las relaciones con uno de los dos principales socios comerciales del país. Ni aunque eso signifique granjearse las simpatías de un cuestionado mandatario norteamericano ya en las postrimerías de su mandato.

Eso no tendría que explicársele especialmente a Kuczynski, quien es en la práctica tanto de aquí como de allá, por decir lo menos.

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