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PPK contra PPK

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Si PPK quiere que la oposición no sea obstruccionista, tiene que entender que él mismo no debe obstruir la labor de sus lugartenientes políticos.



Pedro Pablo Kuczynski, en sus declaraciones a El País, dijo una verdad. Varios de los que se alinearon al fujimorismo lo hicieron pensando en que Keiko Fujimori era la opción más segura para llegar al Congreso. Y pueden ser vulnerables a las mieles oficialistas, en especial, tomando en cuenta que muchos de ellos vienen del interior y que el presupuesto público lo maneja el Ejecutivo. No olvidemos que los congresistas del interior son competencia directa, en muchos casos, de gobernadores regionales y alcaldes.

Esto es real politik y acertado análisis en un profesor de ciencia política que está impartiendo una clase sobre Maquiavello o Mao Tse Tung, por ejemplo. Desacertado por donde se le mire es, sin embargo, si se lo dice el propio presidente de la república a un medio de resonancia internacional. En especial, si sabe que sus declaraciones ahora tienen repercusión presidencial, y al frente tiene una bancada opositora que debiera atraer y no repeler con amenazas veladas de quitarle representantes.

Algo así como anunciar a voz en cuello que se pretende a la esposa del tipo más armado y bravo del vecindario, al que al mismo tiempo se le está invitando a almorzar en casa.

Por supuesto que no solamente por el lado de la estrategia es una pésima declaración. También lo es por el lado moral. Hemos criticado desde hace veinte años la práctica del transfuguismo que ha enlodado nuestra política. El presidente no puede alentarlo. Sería como comprar celulares robados mientras se muestra indignación por los raqueteros.

Hay algo más: PPK debería recordar que no solo el fujimorismo tiene fragilidad en su bancada. Su propia bancada es aún más débil. No debería olvidar el presidente que algunos que hoy están con él también estuvieron conversando con el fujimorismo hasta días antes del cierre de inscripciones electorales. Y que quizás optaron por él no tanto por convicciones sino porque podían negociar un mejor puesto en una lista congresal o acceder a un ministerio con mayores probabilidades que si iban con la camiseta naranja. Al fin y al cabo, recordemos que en toda la campaña el bus naranja estaba bastante lleno y encontrar asiento ahí era mucho más complicado.

En suma, Kuczynski ratificó que es peligroso a la hora de las declaraciones. Lo hizo en la campaña y ahora renace la preocupación. No puede contar con que siempre la prensa le pase por alto como “malinterpretaciones” lo que sabemos que sí dijo. Como no puede comprometer a Mercedes Aráoz o a Martín Vizcarra como traductores de lo imposible, o al propio Fernando Zavala para pedir disculpas.

PPK ha de recordar que el premier llega con el capital político justo para afrontar este difícil inicio de gobierno. Y ayer ha tenido que invertir buena parte de él en su entrevista con la presidenta del Congreso. Si el presidente quiere que la oposición no sea obstruccionista, tiene que entender que el primero en evitar obstruir la labor de sus lugartenientes políticos debe ser él mismo.

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