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PPK, ¡cómete a Maduro!

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¿Cuántos veríamos con buenos ojos que, tras los ataques y ofensas de Maduro a PPK, el embajador venezolano fuese puesto de patitas en la calle en el término de la distancia?



Para que no digan que uno tiene algo personal contra el jefe del Estado allí va este consejo gratis, a ver si su asesor de comunicaciones, Alberto Cabello, o alguien por allí le pone ojo al asunto antes de que se esfume.

Es bien sabido que, en términos generales, cuando el líder de un país es atacado por otro la gente independientemente de los colores políticos y de sus respectivas simpatías— se suele poner del lado de su mandatario. Por ello es que cuando esto sucede se explota políticamente la indignación pública, cuya base es la intromisión extranjera en nuestros asuntos internos, máxime si esta se traduce en epítetos contra quien personifica a la nación.

Es sobre estos criterios, por ejemplo, que el presidente venezolano y su canciller han explotado en su favor y para consumo interno las críticas a la falta de libertades de su régimen hecha por el presidente Kuczynski o las metáforas del perrito faldero que el jefe del Estado hiciera sobre América del Sur y su relación con Estados Unidos en la Universidad de Princeton, donde fue condecorado. A esto, que son hechos ciertos, Maduro ha sumado fantasías “No me digan cómo lo sé pero lo sé”— como la de que Kuczynski se reunió exclusivamente con Donald Trump para fomentar una intervención armada en Venezuela con el fin de desalojarlo del poder.

En términos de estrategia política y de comunicaciones, Maduro y su gobierno le han sacado el jugo a esta situación haciéndose pasar por víctimas.

Aquí, por el contrario, no ha pasado nada más que “llamar a nuestro embajador en consulta”. El gobierno está dejando pasar así una gran oportunidad de victimizarse a su vez y generar una corriente de solidaridad nacional a favor del presidente ante los denuestos y bravatas de Maduro. Si buscan en el gobierno un punto de quiebre a la hemorragia de popularidad que viene sufriendo el jefe del Estado desde que asumió su mandato, este podría ser el torniquete que estaban esperando.

Pero para ello se necesita tomar decisiones políticas que impacten en la opinión pública. Por ejemplo, ¿cuántos veríamos con buenos ojos que tras los ataques y las ofensas de Maduro y su canciller hacia nuestro presidente, el embajador venezolano fuese puesto de patitas en la calle en el término de la distancia?

¿Se imaginan la escena? ¡El embajador escoltado hasta la puerta del avión como persona non grata! ¿Cuánto vale políticamente para el gobierno mantener relaciones diplomáticas con un país cuyo jefe nos insulta? ¿Qué perdemos como peruanos si rompemos con Venezuela? ¿Cuánto gana la figura de PPK y su gobierno?

No hay qué comunicar si no hay política. Aquí el gobierno tiene la mesa servida, pero subsisten los remilgos de siempre. Si hay que comerse un chancho entero para ganar…¡pues allí está Maduro!

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