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La red de falacias durante y luego de la caída parcial del gabinete por el caso Odebrecht



La libertad de expresión es un derecho fundamental que nos permite transmitir nuestras ideas hacia los demás, sea de manera pública o privada. Como todo derecho esencial, salvo la vida, es relativo, pues debe usarse respetando el derecho de los demás: vale decir, sin agraviar a persona alguna.

Bajo este preámbulo, llamó la atención el pretendido sometimiento del poder público el comentario en redes sociales de un connotado periodista. Jaime de Althaus tuiteó un meme en evidente alusión a la inopia labor del tozudo fiscal José Domingo Pérez, quien reaccionó con zafiedad cuestionando la idoneidad del señor De Althaus en el cargo de consultor en la novísima Junta Nacional de Justicia. Esta pretendida censura no pasó desapercibida y fue rechazada por un amplio sector de la población; sin embargo, ni el gobierno ni la prensa palaciega, tampoco la fiscal de la nación hicieron eco de tal afrenta.

Vizcarra adolece, entre otras cosas, de comunicación. Pero, sobre todo, no gestiona y lo poco que hace siempre es cuestionado; por eso su discurso monotemático y muñidor. Estaría utilizando el triste recurso de “miente, miente que algo queda”, que en buena cuenta es la posverdad. Como Moisés Naim sostiene en El País: “Desinformar, confundir, alarmar, distorsionar y mentir se hace más fácil, y su impacto se amplifica, gracias a las nuevas modalidades de información, que contribuyen a que creamos menos en las instituciones y más a nuestros amigos o a quienes comparten nuestras preferencias políticas”.

Y aquí tenemos la red de falacias durante y luego de la caída parcial del gabinete por el caso Odebrecht (cuatro ministros y un procurador renunciados). Enredados en sus opiniones el propio Vizcarra y su compañero Zeballos, hasta la señora Montenegro atinó a decir que “en el despido de Ramírez están directamente involucrados los ministros de Energía y de Justicia”. Otros ejemplos son la misma declaración televisiva del moqueguano sobre que era jefe de Gobierno y no de Estado –lo que fue desmentido casi de inmediato por el periodista, por lo que solo atinó a aceptar el gazapo, o el espontáneo y polémico decreto verbal de Morán de retirar la seguridad a los congresistas, que fue refutado horas después por el mismo presidente.

Coincido con la periodista Mónica Delta: “El discurso del Gobierno debe ser sólido y equilibrado, midiendo resultados factibles”. No obstante, esta falencia del Gobierno en su comunicación interior –y hacia afuera– es única responsabilidad de Vizcarra, por lo que no puede ni debe -directa o indirectamente- pretender acallar las voces cada vez más crecientes y críticas a su vacuo régimen.

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